Luis Palau

Prólogo

por Luis Palau

No hay nada más emocionante que participar en una congregación que prospera, crece, y que obviamente está impulsada por Dios. Pienso que la mayoría de los cristianos darían cualquier cosa por ser parte de una iglesia que está siendo renovada de manera radical.

Si en realidad queremos ver a nuestras iglesias siendo impulsadas por el Espíritu Santo, y si queremos ver a Dios transformando de manera radical a su iglesia en toda la nación, debemos primero decir que «¡sí!» a la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. De no ser así, ¿cómo podemos promover lo que nosotros mismos no hemos experimentado? ¿Cómo podemos presentar lo que no sabemos ni tenemos?

Dondequiera que he visto renovación y avivamiento de la iglesia, siempre he averiguado que se debe a un grupo pequeño de creyentes que se sintieron quebrantados por su pecado, lo confesaron, fueron limpiados y empezaron un nuevo andar con el Cristo que mora en ellos. Tiene que empezar en alguna parte. ¿Por qué no pedirle a Dios que haga que empiece con usted?

¿Alguna vez ha soñado acerca de lo que Dios quiere hacer —empezando con usted— en su iglesia, en su ciudad? Pienso que Dios quiere usarlo.

Si Dios lo renueva, usted llegará a amar a la iglesia de Dios y a orar por su pueblo. Orará por la iglesia en todo el mundo. No tendrá ni un solo hueso sectario en su cuerpo; o, si lo tiene, lo crucificará. Porque si estamos siendo dirigidos por el Espíritu Santo, seremos diligentes para hacer lo que sea que Dios ordena. Y uno de los mandamientos primarios, que se nos repite ocho veces en el Nuevo Testamento, es «ámense los unos a los otros». Eso se aplica a todos los creyentes, ya sea que concordemos o no en todo punto de doctrina y práctica.

Cuando era joven, predicaba ciertos puntos menores de doctrina con convicción. Ahora me abochorno porque después de mucha oración y estudio, he cambiado de parecer en cuanto a algunos de esos detalles. Lo que había aprendido al principio sonaba bien, pero no se basaba con solidez en una noción balanceada de Dios y su Palabra. Así que he crecido. Eso es bueno. Dejemos espacio para que otros también crezcan.

Procuremos la unidad del cuerpo de Cristo: la iglesia. Amemos a nuestros hermanos y hermanas en Cristo, oremos por ellos y respetémoslos tal como lo ordena la Palabra de Dios. No vamos a estar siempre de acuerdo en todo. Pero podemos tener unidad porque hemos sido comprados por la sangre del Salvador, estamos llenos de su Espíritu y estamos predicando su Palabra. Ese es nuestro terreno común, nuestra base para la unidad con todos los que son llamados por su nombre.

Los principios bíblicos presentados en este libro son profundos, y no obstante sencillos. Son lo suficiente profundos como para presentarnos un reto de toda una vida, y sin embargo lo suficiente sencillos para que la mayoría de las personas los entiendan y apliquen de inmediato.

Mi oración es que Dios use este libro para bendecir a toda la iglesia, aquí en esta nación y en todo el mundo. Que él nos renueve y nos dé intrepidez para permitir que nuestras iglesias sean impulsadas por su Espíritu Santo.

¿Se unirá conmigo hacia ese fin?

Luis Palau


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Introducción Iglesia Dirigida por el Espíritu | Contenido de Iglesia Dirigida por el Espíritu | Prólogo por Luis Palau
Iglesia Dirigida por el Espíritu
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¿Quién está dirigiendo a la iglesia?
Capítulo 1 | Capítulo 2 | Capítulo 3 | Capítulo 4

Principios del liderazgo y la administración dirigidos por el Espíritu
Capítulo 5 | Capítulo 6 | Capítulo 7 | Capítulo 8 | Capítulo 9 | Capítulo 10

La implementación de la dirección del Espíritu
Capítulo 11 | Capítulo 12 | Capítulo 13 | Capítulo 14 | Capítulo 15 | Capítulo 16