El espíritu impulsado por la iglesia por Allen Quist y Tim Robnet

Iglesia Dirigida por el Espíritu

Por Tim Robnett y Allen Quist

Capítulo 7

CUANDO DIOS DICE QUE NO

Buscar el plan específico de Dios para la vida de uno es un desafío para todo creyente. Los líderes creyentes a menudo prosperan bajo el desafío de «oír la voz del Señor en asuntos específicos». Determinar la voluntad de Dios y su dirección para un grupo de personas conlleva gigantescas responsabilidades. ¿Cómo es que uno puede oír la voz de Dios y decirle a otros: «El Señor me habló, este es el plan»? Veamos una experiencia en la vida de Pablo y Silas que abre nuevos horizontes para comprender las maneras de Dios para guiar a su pueblo. Al mirar, una pregunta interesante nos espera. ¿Qué sucede cuando Dios dice que no?

El apóstol Pablo había estado realizando obra misionera por una media docena de años. Desde que el Espíritu Santo lo comisionó mientras estaba en Antioquía (Hechos 13:1-3), su vida había sido un torbellino. Ahora, bien entrado en su segundo viaje misionero en el noroeste de Asia, una experiencia aturdidora confrontó a Pablo. El mismo Espíritu Santo que lo había comisionado a él y a su equipo a salir de Antioquía para regiones desconocidas resistió su plan de operación. Hechos 16 anota que el Espíritu de Jesús y el Espíritu Santo «les había impedido» que vayan más a Asia.

Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia. Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Entonces, pasando de largo por Misia, bajaron a Troas. Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.» Después de que Pablo tuvo la visión, en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios (Hechos 16:6-10).

El texto no dice cómo Dios dijo que no. Sin embargo, es claro que Pablo había intentado ir en una dirección específica, planeada de antemano, y sus esfuerzos y liderazgo fueron contenidos. Primero, Pablo estaba oyendo y respondiendo al Espíritu Santo. Era sensible a la voz y liderazgo de Dios. Segundo, Dios en efecto demoró e incluso evitó que Pablo hiciera ciertas actividades.

Tal como Dios mantuvo cerradas las bocas de los leones y preservó la vida de Daniel, a veces nos mantiene en silencio hasta el momento oportuno. Hace poco oímos el relato de un inmigrante de India que trabajaba como ingeniero en Londres. Por algunos años su compañero creyente de trabajo no le había hablado nada de Jesucristo o de asuntos espirituales. Luego, en cierto momento, su compañero de trabajo empezó a hacerle preguntas espirituales y le invitó a la iglesia. Fue ese momento que fue estratégico en lo que el Espíritu Santo estaba haciendo en su vida. Esas conversaciones, en su momento específico, Dios las usó para llevarle a la salvación. Dios abre y cierra oportunidades para el evangelio. Dios en efecto previene y demora ciertas experiencias en nuestras vidas debido a que él es todo sapiente y todo sabio.

En 1992 Kevin Palau me pidió a mí (Tim) que visitara la nación isleña de Jamaica. Los pastores de la alianza evangélica le habían enviado una invitación a Luis Palau para celebrar un festival evangelizador nacional. Kevin me informó que la invitación había venido unos siete años antes, pero se decidió que el tiempo no era el del Señor. Puesto que la Asociación Luis Palau tenía un criterio bíblico específico para la invitaciones para ministerio, su capacidad para decir que no fue una decisión sabia. Necesitamos recordar que no todas las oportunidades son la voz de Dios diciéndonos que avancemos en una cierta dirección.

LA HORRIBLE PALABRA NO

Conforme Dios le habla a su pueblo, las personas necesitan darse cuenta de que no es parte del vocabulario de Dios. Podemos abrazar ese no con una actitud positiva. Por el momento él no puede parecer descorazonador. Pero a la larga, el no puede dar muchos resultados positivos. Muchas veces la Biblia nos dice lo que no debemos hacer o cómo no debemos actuar. El propósito de la instrucción de Dios tiene el objetivo de proteger, instruir y edificar; no destrozar. Cuando la Biblia les dice a los padres «Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos» (Efesios 6:4), eso es una afirmación correctiva. El propósito incluye detener el abuso, promover un espíritu positivo en los hijos, fomentar una mejor relación entre el padre y los hijos, y ayudar a los hijos a entender a Dios como un Padre que les ayuda.

A fin de oír la voz de Dios tenemos que abrazar los no que nos salen al paso. Los Diez Mandamientos son un clásico ejemplo de la voz de Dios dirigiendo a toda persona a relaciones personales saludables. El «no» hagas esto o lo otro, de estos mandamientos son para mostrarnos las trágicas consecuencias que siguen a las conductas de desobediencia. Por cierto, el estilo lingüístico de estos mandamientos no es el punto. Más bien, el hecho de que Dios dice: «No hagas esto», habla volúmenes del corazón egoísta y rebelde de la raza caída. A nosotros, en nuestra carne, simplemente no nos gusta que alguien nos diga que no. Sin embargo Dios corrige nuestras actitudes y conductas mientras nos confronta de una manera directa.

CUANDO ÉL NO ES BUENO

Queremos poner un sesgo positivo al hecho de que Dios nos dice que no. Dios nos ama lo suficiente para dirigirnos con un no. Él puede hacerlo mediante una variedad de maneras: por sus afirmaciones directas en la Biblia, por nuestra conciencia que él creó, por la decisión de personas de Dios que esperan en él, y por la voz de Dios a nosotros en un asunto amoral. La experiencia de Pablo en Hechos 16 y los relatos de nuestras propias jornadas revela que el no tiene resultados positivos y productivos.

Pablo y sus compañeros tomaron el no como una oportunidad para detenerse y escuchar. Al esperar en el Señor, vino una nueva visión; en este caso, una visión de noche. Si fue por sueño o trance, el texto no lo dice. Pero Pablo se despertó al día siguiente con una razón clara y contundente para cambiar su dirección y estrategia de ministerio. A esa visión en la jornada de Pablo a menudo se hace referencia como el «llamado macedónico».

El poder de esta visión todavía toca nuestros corazones. Ahí tenemos a un hombre que suplica. Imagínese a un hombre fuerte suplicando lo más fuerte que puede que Pablo oiga y responda a su súplica. Por un lado, no hay vista más lastimera que un hombre que suplica, ruega y clama: «¡Ven y ayúdanos!» Se supone que los hombres deben ser fuertes, autosuficientes, orgullosos, capaces, independientes, pero aquí está un hombre humilde, que ruega por sí mismo y todo un continente de personas que nos tienen esperanza. Él es su embajador, tratando de conseguir lo que nadie más puede conseguir.

¿Puede imaginarse esto? Un joven pero físicamente fornido hombre con las venas del cuello saliéndosele mientras él ahueca sus manos frente a su boca y grita a voz en cuello: «¡Oye, Pablo, mira para acá!» Luego mueve su fuerte brazo invitando a Pablo a que avance en su dirección. Luego habla con voz suplicante: «Ve a los niños, ve a las mujeres, ve a los jóvenes y viejos, ricos y pobres; estamos en Cristo, sin esperanza. ¡Por favor, ven y hablamos de las buenas noticias! ¡Por favor, que nunca hemos oído! ¡Ven pronto; muchos están muriendo sin Cristo! ¡Ven ahora, vengo hoy, y, ah, por favor, ven!»

Hemos observado que cuando un creyente oye a Dios decirle que no, a menudo lo toma en forma equivocada. No nos referimos al no en el caso de asuntos morales de la vida, sino un no en cuanto a dirección y ministerio. Hay nos que vienen del Espíritu Santo respecto a oportunidades de ministerio, decisiones vocacionales, lugares en donde vivir y trabajar, qué comprar o poseer, cuestiones de tiempo, etc. Algunos toman el no como si Dios dijera: «No creo en ti». O algunos tal vez piensen que Dios les dice que no debido a algún pecado en el pasado. Dios ha apartado a esta persona y ya no puede usarla para la obra del reino.

Por ejemplo, yo (Tim) claramente recuerdo a un hombre que conocí y que era un consagrado seguidor de Jesús. Tenía veinte años más que yo y mostraba una real pasión por Dios. Se casó teniendo poco más de veinte años, pero el matrimonio no funcionó y acabó en divorcio. Desde esa experiencia él pensaba que Dios y la iglesia le habían puesto sobre la cabeza un letrero que decía «ciudadano de segunda clase». Aunque por mucho años fue fiel a la iglesia, se había casado de nuevo con una encantadora mujer creyente, y llevaba una vida consagrada a Jesús, parecía que se sentía impedido de asumir nuevos papeles de ministerio. A menudo yo pensaba en los muchos creyentes que viven con esta mentalidad de «segunda clase», sin poder abrazar todavía la gracia y perdón de Dios. Sin embargo, muy a menudo, la iglesia no ha extendido el mismo perdón que Dios ha extendido. A menudo hemos interpretado incorrectamente el no de Dios a detrimento de otras personas. Dios perdona el pecado por completo; y él no nos dice que no como recordatorio de nuestros fracasos pasados.

CUANDO EL NO QUIERE DECIR QUE SÍ

Lo que la experiencia de Pablo en Hechos 16 enseña es que el no quiere decir que sí, pero no aquí (en esta dirección), no ahora (tiempo), y no de esta manera (metodología). Dios dirige a los suyos a donde deben estar sirviéndole. A Dios le importa dónde servimos o no le servimos. Aunque Lot pensaba que Sodoma y Gomorra eran buenos lugares donde vivir, el Señor no pensaba así. Los lugares en efecto importan.

Jesús ministró en Galilea por un tiempo. En ese contexto capacitó a otros para seguirle y servir en su reino. Por lo menos en dos ocasiones informó a los que salieron a predicar el evangelio del reino que ministraran en donde les dieran la bienvenida y les atendieran. Es decir, ministren en los lugares en donde las personas responden (Lucas 9:1-9; 10:1-16).

En nuestras propias jornadas en algunas ocasiones hemos tratado de servir al Señor en un medio ambiente en particular, y sin embargo las jornadas «no resultaron» porque el Señor tenía otro lugar de servicio para nosotros. «No aquí» puede querer decir geografía, o puede tener que ver con las personas a quienes se ministra, o un papel en particular en el ministerio. Necesitamos estar abiertos a la dirección de Dios en cuanto al lugar de ministerio.

HAY QUE APRENDER EL TIEMPO DE DIOS

Otro asunto que se considera al servir al Señor es el asunto de tiempo. Pablo había estado alcanzando a los que estaban en Asia que no habían oído el evangelio cuando se dio cuenta de que Dios tenía otro lugar para que vaya. Pablo no parecía particularmente sensible al tiempo de Dios. No parece que él estuviera pensando que ahora era el tiempo para dejar este lugar e ir a otro. No parece estar sufriendo del síndrome de «hierba más verde». Él y su equipo estaban atareados dando a conocer el evangelio en Asia. Así que el Señor Jesús tuvo que «captar su atención».

Nos encantaría saber cómo el Espíritu de Jesús y el Espíritu Santo les llamaron la atención. ¿Cómo fue que el Espíritu santo «les impidió» y después «no les permitió» (Hechos 16:6-7) predicar el evangelio en las provincias de Asia y Misia? ¿Acaso no hubo interés de parte de la población allí? ¿Acaso Pablo y su equipo se enfermaron físicamente? ¿Hubo algún tipo de desastre natural (terremoto, huracán, etc.)? Todo lo que sabemos es que Pablo tuvo que detenerse y esperar (cuestión de tiempo) en el Señor.

Uno de las grandes tensiones en la vida de familia es lo que los sociólogos llaman eventos naturales o normales del ciclo de vida de familia. El tiempo normal para el matrimonio es entre los veinte y treinta años. El matrimonio antes o después produce ciertas tensiones en el sistema de la familia si el «tiempo» no está de acuerdo al calendario. Abraham y Sara eran demasiado viejos para tener hijos (biológicamente a sus relojes se les había agotado la cuerda). El desarrollo del drama del Génesis relativo a este asunto es bien conocido. Dios mostró en sus vidas su poder y su soberanía. Abraham y Sara mostraron su carnalidad y falta de confianza en Dios, como sin duda cualquiera de nosotros lo hubiera mostrado. El tiempo tiene que ver con confiar en Dios. Dios le dijo a Pablo en Hechos 16: «No ahora».

Uno pudiera decir AHORA es el tiempo, pero no aquí. Podemos ser personas que tenemos nuestra cabeza en la arena o estamos buscando pastos más verdes y a menudo, en uno u otro caso, errar la dirección de Dios en nuestras vidas. Estamos hablando en particular de Dios dirigiendo a su iglesia. ¿Cuándo debemos cambiar, o mantener el rumbo, o añadir un nuevo ministerio, o detener un cierto ministerio, o añadir personal? Cuándo es una palabra que considera el asunto de tiempo. Por consiguiente, debemos andar en una relación de oír a Dios y a los que servimos a fin de discernir el ahora de Dios.

LOS MÉTODOS DE MINISTERIO EN EFECTO CAMBIAN

Una tercera pregunta enfoca la adopción de nuevas metodologías. Las nuevas metodologías consideran la manera en que se hace algo. Pablo había estado trabajando con un cierto equipo y predicando el evangelio inicialmente a los judíos en ciudades gentiles. Ahora, después de la separación de Bernabé y Juan Marcos (Hechos 15:39-40), Pablo estaba preparando a un nuevo equipo (Timoteo, Silas y Lucas). Este nuevo equipo ahora se componía de gentiles (Lucas y Timoteo), formando un grupo multiétnico. Con este nuevo equipo, vino un nuevo lugar de ministerio (Europa) y una nueva metodología. Un cambio de la sinagoga al lugar de oración, como el contexto para ministrar el evangelio, vino con la transición de Asia a Europa. No que sea un cambio gigantesco —todavía procurando ser espiritualmente sensible—, pero con todo un diferente lugar, un nuevo lugar para el ministerio.

Las metodologías se ampliaron grandemente cuando Pablo llegó a Atenas. Allí añadió el diálogo y el debate a su predicación y enseñanza normal en las sinagogas y lugares de oración. Es más, estos nuevos métodos hicieron el ministerio más eficaz en la nueva cultura de Europa. Pablo «discutía en la sinagoga con los judíos y con los griegos que adoraban a Dios, y a diario hablaba en la plaza con los que se encontraban por allí» (Hechos 17:17).

¿CÓMO GUÍA DIOS A LA IGLESIA?

Dios guía a su pueblo confrontando sus zonas de comodidad y complacencias con una sorprendente palabra de dos letras: no. Sin embargo, la iglesia puede seguir por años y décadas sin oír el no de Dios. Tendemos a justificar las viejas metodologías y formas. Parece que nos aferramos a los «odres viejos» como si fueran el poder de Dios en lugar de una forma por la que Dios se expresa por un momento en el tiempo. Los nos de Dios tienen que captar nuestra atención. ¿Cómo puede uno identificarlos? De nuevo, esto no es cuestión moral. Esta cuestión tiene que ver con la eficacia y pertinencia del evangelio en cualquier cultura en un tiempo en particular.

Una manera de entender cuándo Dios dice que sí o que no viene simplemente al medir la eficacia de un ministerio o método en particular. ¿Está viniendo alguien? ¿Se interesan las personas? ¿Estamos atendiendo necesidades reales? ¿Estamos respondiendo a preguntas que se están haciendo? ¿Estamos pensando en relaciones personales? ¿Hay algo que estamos soslayando? ¿Qué se está dejando a un lado?

Una de las primeras cruzadas de Luis Palau que yo (Tim) asistir fue en Des Moines, Iowa, en octubre de 1990. La cruzada se realizó en el centro de la ciudad, en el centro de convenciones. Yo era nuevo en el equipo y anhelaba aprender todo lo que podía. No sólo que conversé directamente con varios miembros del personal y del comité local, sino que también paré la oreja para oír lo que las personas estaban «realmente diciendo». En varias ocasiones los miembros del comité ejecutivo dijeron que vieron a Dios no sólo en la cruzada, sino también antes y durante la cruzada en el cultivo de relaciones personales entre los líderes de la ciudad. Adicionalmente, el relato de cómo Dios estaba uniendo a estos líderes en nuevas alianzas de ministerio a menudo llegaron a mis oídos. Mientras que las iglesias evangélicas se habían mudado a los suburbios en los pasados diez o quince años, habían descuidado el centro de la ciudad. Sin embargo, en el proceso de trabajar juntos en la cruzada, que se realizó en el centro de la ciudad, los líderes de nuevo vieron las grandes necesidades del centro de su ciudad. Dios estaba diciéndoles: «Ustedes se han olvidado del centro de su ciudad». Así que en un regaño sutil pero claro, varios líderes renovaron su dedicación a los sectores urbanos de su ciudad. Dios guía mostrándonos lo que no estamos haciendo. Su voz de reprensión puede corregir nuestras maneras egoístas y restaurarnos a sectores de gran necesidad y ministerio productivo.

IDEAS NUEVAS E INNOVADORAS

Dios guía a la iglesia no sólo mediante reprensiones sutiles o abiertas, sino también mediante ideas nuevas e innovadoras. Un beneficio que la iglesia deriva de sus miembros más jóvenes son las ideas creativas que a menudo ellos traen al ambiente del ministerio. Los jóvenes tienen una reputación de ser radicales, imprevisibles y hostigosos. Sin embargo, la juventud a menudo es el conducto para la pasión del evangelio, y tienen una disposición para abrazar «nuevos odres». Por esto debemos ser agradecidos. Hoy, el movimiento de iglesia emergente ha abrazado muchas nuevas metodologías para empacar el evangelio de maneras que tiene sentido a la juventud de nuestra cultura. El «medio es el mensaje» tiene mucho más poder de lo que nos gustaría asignarle. Sin embargo, Jesús dijo: «De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros» (Juan 13:35). Esto no fue un estribillo de una canción popular, sino una descripción del cristianismo radical; un mensaje del Maestro que decía que nuestras acciones hablan más fuerte que nuestras palabras. Sin acción que respalde nuestras palabras, nuestras palabras sonarán muy huecas. Sin embargo, nuestra renuencia a abrazar nuevas metodologías a menudo conduce a la muerte de nuestras iglesias.

Cuando nuestras iglesias están comprometidas a la pertinencia, nuestro mensaje nunca cambia, pero nuestros métodos se adaptan a la comunicación eficaz del evangelio. La verdad y el amor son nuestros principios guía, los métodos son sólo un medio de entrega. Como Luis Palau a menudo ha dicho: «Necesariamente no me gusta la música [de un festival de Palau], pero amo a los muchachos a quienes les gusta la música».1 A fin de adoptar nuevos métodos, necesitamos libertad de los temores que se agazapan en las sombras de nuestras memorias no santificadas. En el capítulo 8 hablaremos del temor como estorbo al crecimiento y desarrollo del ministerio. Debemos recordarnos todos que el mensaje del evangelio nunca cambia, pero la comprensión de la cultura siempre debe modelar nuestros métodos.

Repasemos. No ahora, no aquí, y no de esta manera son los tres principios guías detrás del no que nos da el Señor. Aquí estamos hablando de oportunidades y estrategias de ministerio. Dios dice que no de cuando en cuando. Dios activamente nos guía si tan sólo escuchamos y no nos descorazonados por los no que él nos envía. Más bien debemos detenernos y escuchar. Debemos preguntarnos nosotros mismos: «Si no aquí, ¿dónde? Si no ahora, ¿cuándo? Si no de esta manera, ¿cómo?»

Dos principios útiles nos guiarán para responder a esas preguntas.

LA MAYOR NECESIDAD

Primero, ¿dónde hay la mayor necesidad? ¿Dónde están las personas que claman ayuda? ¿Dónde hay una solicitud urgente de las buenas nuevas? ¿Dónde hay una ausencia del amor de Cristo? ¿Dónde están los que responden? Hay ejemplos bíblicos sustantivos que indican que un factor determinante para seleccionar un ambiente de ministerio debe incluir la disposición de las personas para responder.

La experiencia de Pablo demuestra que el evangelio debe ir a donde nunca ha ido antes. Muchos preguntan: «¿Por qué tantos tienen tantas múltiples oportunidades de oír y recibir el evangelio cuando muchos no han tenido ni siquiera una sola oportunidad?» Un querido amigo, el Dr. Bill Thomas, a menudo habla de su propio enfoque de servicio del ministerio: «Voy adonde el llamado es más fuerte y la necesidad es mayor». Pablo y su equipo estaban respondiendo al clamor de un hombre desesperado.

Por consiguiente, cuando nos preguntamos acerca de adónde Dios pudiera estar llamándonos para servirle, necesitamos incluir en nuestras mediaciones la pregunta: «¿Dónde hay la mayor necesidad?» La respuesta a esta pregunta puede incluir geografía, relaciones personales o interés personal, tal como personas que son nuevas en nuestro barrio y ciudades. Por ejemplo, en China hoy, veinte millones de personas se mudan del campo a la ciudad cada año. Esto presenta una oportunidad para el ministerio a muchas organizaciones que atienden las necesidades humanitarias y sociales. Muchas ciudades estadounidenses también están atravesando sustancial cambio demográfico. Por consiguiente, necesitamos preguntar: «¿Dónde están las personas más vulnerables a los cambios en sus vidas? ¿Cuáles personas están abiertas a nuevas relaciones personales? ¿Qué necesidades específicas podemos atender para estas personas? ¿Cómo nos ha equipado Dios en forma singular para atender estas necesidades?» (Tenemos conocimiento, pericias, dinero, etc. que nos hace un recurso para otros que no los tienen).

NUEVOS MIEMBROS DEL EQUIPO

Segundo, ¿dónde está el equipo? ¿Quién quiere servir? ¿Quién está dispuesto a ir? ¿A quiénes Dios ha traído para que trabajen con nosotros? La conformación del equipo afecta cómo se hará el ministerio. La asignación soberana de Dios de los obreros a la cosecha a menudo habla de cómo se hará el ministerio. En Hechos 16 Pablo tenía un nuevo equipo. Un nuevo miembro era Lucas, que era médico. Lucas tuvo un papel estratégico al aplicar el arte de la medicina. Tanto Pablo como Silas necesitaron atención médica no muchos días después de empezar su viaje. En Filipos a Pablo y a Silas los atacó una multitud, los arrastraron ante los funcionarios romanos, los flagelaron severamente y los echaron en la cárcel (Hechos 16:22-24). Aunque milagrosamente puestos en libertad, sin duda tuvieron necesidad de la ayuda del doctor Lucas. Dios proveyó mediante las destrezas, talentos y dones espirituales del equipo para equipar al equipo para lo que se necesitaba.

Al determinar el lugar, tiempo y metodologías del ministerio, necesitamos evaluar al equipo, porque Dios obra por intermedio de su gente. ¿Cómo ha equipado Dios a nuestro equipo? ¿Cuáles son los dones, talentos, experiencias y pasiones singulares de la familia de nuestra iglesia? El ministerio fluye por las relaciones personales. Cuando nos preguntamos lo que Dios quiere que hagamos, necesitamos evaluar el equipo que Dios ha formado.

A mediados de los ochenta, cuando yo (Tim) era pastor de una iglesia en el sur de California, recibimos en nuestra iglesia a una nueva pareja. A poco después de conocerlos, tuve la oportunidad de invitar al esposo a que se una a nuestro ministerio de visitar a los que estaban en el hospital. Dick de buen grado recibió mi mentoría y fielmente visitaba a las personas que le había pedido que vaya a ver. Dick pronto entendió que el Señor estaba usándolo de una manera especial. Se deleitaba en animar a las personas. Disfrutaba al orar con ellas, y me llegaron informes de cuanto las personas disfrutaban de las alegres visitas de Dick. Un ministerio significativo se desarrolló para Dick conforme su gozo en este ministerio le ayudó a buscar a otros. El identificar un interés, darle conocimiento y destreza en el ministerio, modelar el ministerio, y animar a Dick produjo un nuevo nivel de servicio no sólo para Dick, sino para muchos otros en la iglesia.

Dios nos dice no de cuando en cuando. Esto tal vez pueda ser para reprendernos, pero también puede ser para dirigirnos a nuevas temporadas de ministerio estratégico. Así que cuando su ministerio tropiece con una resistencia inesperada, deténgase y ore. Tómese tiempo para esperar al Señor y ver si hay un nuevo lugar, un nuevo enfoque, o una nueva manera de servirle. Tal vez no; o tal vez sí, pero no aquí, no ahora, y no de esta manera.


ePUB: Spirit Driven Church | kindle: Spirit Driven Church | PDF: Spirit Driven Church

Having trouble downloading the ePUB or kindle versions?
Try the zipped versions:
ePUB: Spirit Driven Church | kindle: Spirit Driven Church


Introduction to The Spirit Driven Church | Table of Contents for The Spirit Driven Church | Foreward by Luis Palau

The Spirit Driven Church
HTML
Who Is Leading the Church?
Chapter 1
| Chapter 2 | Chapter 3 | Chapter 4

Principles of Spirit-led Leadership and Management
Chapter 5
| Chapter 6 | Chapter 7 | Chapter 8 | Chapter 9 | Chapter 10

Implementation of Leading in the Spirit
Chapter 11 | Chapter 12 | Chapter 13 | Chapter 14 | Chapter 15 | Chapter 16