El espíritu impulsado por la iglesia por Allen Quist y Tim Robnet

Iglesia Dirigida por el Espíritu

Por Tim Robnett y Allen Quist

Capítulo 4

LIDERAZGO ESPIRITUAL

¡Fue una sorpresa! Nada que se dijo en un año de reuniones mensuales nos preparó para lo que oímos en una reunión de pastores en San Bernardino, California, en 1984. Yo (Tim) había estado reuniéndome con varios pastores de la misma denominación en Bob’s Big Boy para desayunar, compañerismo y simplemente conversar.

Apenas pocos minutos transcurridos en una reunión mensual, vino el anuncio. Debe haber sido que mis oídos me engañaban, pero pienso que uno de los colegas pastores espetó: «Ya no aguanto más. Renuncié el domingo y estoy buscando una nueva profesión». En todo ese tiempo él no había dicho ni una palabra en cuanto sus problemas; ni una sola palabra. No teníamos ni idea de que él estaba bajo presión.

Ni media palabra. Nada. Ningún indicio de que estaba sufriendo profundamente de depresión y de un sentimiento de inutilidad. Nada; entonces, de repente, se da por vencido.

Los líderes de la iglesia, como todas las personas, enfrentan disfunciones dentro y fuera de la iglesia. A menudo se nos percibe como personas exentas del dolor y luchas de la vida. Con una necesidad de «ser líderes», nos escondemos detrás del escudo del orgullo y temor para impedir que nos abrumen las horribles realidades de relaciones personales rotas, objetivos no alcanzados, temporadas secas en nuestro andar con Dios, o días de melancolía.

La realidad del liderazgo efectivo es esta: dentro de la iglesia tenemos que ser más francos en cuanto a lo que puede verdaderamente libertar al líder y a la congregación para permitir que la gracia de Dios llene sus almas y relaciones personales. Los líderes enfrentan un reto diario para vivir en el poder del Espíritu Santo.

En el capítulo previo hablamos de que la carne afecta la iglesia. Para que esta fuerza ejerza su insidioso efecto dentro de la iglesia, debemos dar por sentado que primero es problema para los líderes, y no sólo para los laicos. «Toda organización es un reflejo directo del liderazgo que se le ha dado, para bien o para mal». Bobb Biehl me dijo esto hace más de veinte años, y su máxima de liderazgo ha subrayado la experiencia de mi propia jornada. Lo he visto en práctica en la vida de amigos, estudiantes y mentores, revelando el conflicto de la carne y el Espíritu tan común a todos.

Sin embargo, hay esperanza cuando acudimos a la gracia de Dios para que desenrede nuestra letanía de emociones, respuestas no contestadas, y relaciones personales rotas. Esta gracia sanará nuestras almas conforme avanzamos hacia el plan de Dios para los líderes de la iglesia: liderazgo transformacional. Hallaremos que cuando los líderes están llenos del Espíritu de Cristo, Dios da sanidad y salud por medio de ellos a la iglesia. Cuando los líderes cultivan un ambiente de gracia, entonces la libertad viene a las relaciones personales dentro de la iglesia y a todos los que quedan expuestos a la iglesia. Un proceso orgánico hace brotar relaciones personales saludables y una conexión dinámica entre Dios y su pueblo. Para algunos, el adjetivo contagiosa ha resumido la energía de este proceso. Los líderes llenos del Espíritu de Cristo proveen liderazgo transformacional para la iglesia.

UNA CULTURA DE GRACIA

Ray Stedman llevó una cultura de gracia y perdón a miles que disfrutaron su estilo tranquilo de liderazgo durante los días tumultuosos de las décadas de los sesenta y setenta en Palo Alto, California. El Movimiento de Jesús estaba apenas empezando cuando un número de «sus tipos» entraron por las puertas de la Iglesia Bíblica Península. Los de clase media alta voltearon su cabeza para ver a estas almas vestidas singularmente, de pelo largo, y de espíritu libre. ¿Qué iba a hacer la iglesia? ¿Cómo iba la iglesia a responder a esta nueva camada? Con calor y afirmación, Ray les dio la bienvenida y les animó a que se hagan parte del cuerpo de Cristo en ese lugar. Un espíritu refrescante barrió muchas de las dudas y temores de los miembros de la iglesia que tenía preguntas. La Iglesia Bíblica Península llegó a ser un puerto y campo de cosecha para la generación más joven que estaba buscando a Dios. El liderazgo espiritual trajo integridad y amor a los que estaban en ambos lados de una cultura en cambio.

Con unas pocas palabras poderosas el apóstol Pablo hace énfasis en la total necesidad de que el Espíritu de Cristo fortalezca las relaciones personales. «No se emborrachen con vino. . . . Al contrario, sean llenos del Espíritu. . . . Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo» (Efesios 5:18, 21). Sin esta jornada de sumisión al liderazgo de Dios, nos convertimos en sanadores destructivos en un mundo destrozado y fragmentado. Esta no es una opción para los líderes en el cuerpo de Cristo. Lo que da poder a nuestros pensamientos, emociones y voluntades talla la realidad de las relaciones dentro de la familia en la iglesia. Gracias al buen Señor que nuestras relaciones con él no son meramente cuestión de información cognoscitiva o determinación de «vivir para Dios». Más bien es una vida que se caracteriza por su gracia que nos busca.

El liderazgo espiritual empieza con los líderes que reconocen su total dependencia en Dios. Conforme van aprendiendo lo que quiere decir «ser llenos del Espíritu» (Efesios 5:18), los líderes espirituales deben enfrentar el quebrantamiento que viene al vivir apoyándose en sus propios esfuerzos humanos y aparte del fortalecimiento del Espíritu Santo. Estos líderes hallan nuevo gozo al conocer el perdón de Dios y son prontos para extender ese perdón y gracia a otros.

Nuestros egos e intereses propios se han interpuesto en el camino del liderazgo de Dios en muchas ocasiones. Esto es particularmente cierto en nuestros papeles como líderes. Muchas veces no nos hemos apoyado en el Espíritu Santo y nos hemos llenado de ansiedad, nos hemos puesto a la defensiva, coléricos y jactanciosos. Sin embargo, el liderazgo inspirado por el Espíritu Santo enfoca la sanidad y fortalecimiento de otros. No atrae la atención a sí mismo ni se protege a sí mismo; más bien, procurar servir y fortalecer a los demás.

UNA NOCIÓN DISTORSIONADA DE LIDERAZGO

Yo (Tim) recuerdo las numerosas ocasiones que fui a la Feria del Condado Kern en Bakersfield, California. Una de mis atracciones favoritas era el corredor de espejos. Este era un sencillo remolque portátil con varios espejos diseñados para distorsionar la apariencia de uno. Un espejo me mostraba gordo, otro me mostraba alto, algunos me daban una cabeza enorme y un cuerpo pequeño. No entendía la tecnología, pero el efecto era cómico.

A menudo lo que algunos llaman liderazgo bíblico parece más bien distorsionado, lo que no es cómico. Estas distorsiones nos vienen de varias fuentes. Algunas son productos de la cultura popular. Otras vienen de las tradiciones de la iglesia. Los líderes bíblicos son una camada rara. Sus deseos de liderazgo son cuestionados por las muchas nociones de lo que constituye un líder espiritual.

En los Estados Unidos de América nos domina un medio ambiente de negocios. La libre empresa y el capitalismo se hallan al igual con el béisbol, pastel de manzana y la bandera estadounidense como valores básicos. Como tales, a menudo no podemos distinguir entre el estilo empresarial de liderazgo y los líderes bíblicos. Donald Trump con su programa de televisión El aprendiz articula el modelo de negocios de liderazgo. Hay modelos educativos de liderazgo que hacen énfasis en el proceso y la colaboración. Hay modelos sin fines de lucro que procuran descubrir y resolver los males sociales de la sociedad. Sin embargo, estamos convencidos de que eso modelos de liderazgo a menudo se quedan lejos de la norma bíblica.

¿QUÉ ES LIDERAZGO BÍBLICO?

Jesús usó una frase breve, pero poderosa, para corregir la noción que sus discípulos tenían de liderazgo. Él dijo la frase «no debe ser así» (Mateo 20:26). Los discípulos ansiaban ser famosos y poderosos. La madre de Jacobo y Juan buscó colocar a sus hijos en cargos de poder (Mateo 20:20). Le pidió a Jesús que haga que los hijos de ella se sienten cada uno al lado de él en el reino venidero. Jesús dijo que esa decisión no era suya (Mateo 20:21-23). Su énfasis recayó en la enseñanza para ella y los discípulos. Estableció una definición de liderazgo en su reino era muy diferente de como el mundo ve el liderazgo.

Jesús anunció dos dimensiones asombrosas dentro de su reino. Empezó recalcando primero que «los primeros serán últimos» (Mateo 19:30). Él notó que en lugar de buscar los cargos más altos, los verdaderos líderes bíblicos preguntan: «¿Cómo puedo fortalecer a otros?» Fortalecer se refiere a la transformación que ocurre cuando uno integra verdad bíblica a los patrones normales de la vida.

Segundo, Jesús recalcó que servir es lo que hace grande a un líder (Mateo 20:26, 28). Los líderes de su reino serán siervos de todos. En lugar de usar una espada para simbolizar el liderazgo, Jesús escogió una palangana y una toalla. Con estas herramientas les lavó los pies a los discípulos (Juan 13:1-7). Este es un tipo muy diferente, y al parecer irreal, de liderazgo en comparación con lo que experimentamos en el mundo de hoy. Estos principios dinámicos exigen nuestra constante atención. Muchos no estamos reflexionando o enseñando estos principios por primera vez, sino por la centésima vez. Sin embargo, el reino de Jesús se edifica en tales verdades y necesitamos reconsagrarnos a este camino.

¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍDERES?

La experiencia de la iglesia inicial indica que los líderes se vuelven evidentes a los que dirigen. Los líderes bíblicos claramente demuestran carácter santo. Los líderes bíblicos tienen reputación. Sus vidas demuestran una transformación de corazón. Los discípulos de Cristo fueron líderes que encontraron a Jesucristo resucitado. Ese encuentro transformó radicalmente sus vidas; y no simplemente como un curso de desarrollo del carácter o destreza de liderazgo. Sus prioridades atravesaron un ajuste radical y un reordenamiento completo.

Cuando la discriminación étnica se expresó en la iglesia inicial, los apóstoles pidieron a los que sintieron la crisis que escojan hombres «llenos del Espíritu y de sabiduría» (Hechos 6:3) para que ayuden a buscar la resolución. La iglesia pudo discernir y seleccionar a tales hombres. Escogieron hombres santos que atendieron la situación con gracia y sabiduría, y permitieron que la iglesia continúe creciendo e impactando a su mundo con las buenas noticias de Jesucristo. Su capacidad para resolver problemas no surgió de individuos fuertes que hacían las cosas a su manera. Se basó en la obra del Espíritu Santo por medio de hombres que se rindieron a su liderazgo.

¿Donde están estos líderes hoy? Quisiéramos poder decir que son nuestros pastores y otros líderes de nuestras iglesias, pero no siempre es ese el caso. ¿Estamos siendo verdaderamente dirigidos por el Espíritu Santo? La mente carnal puede invadir y controlar a cualquier líder cristiano. Necesitamos examinarnos a nosotros mismos regularmente y preguntarnos: ¿Qué es lo que estamos modelando y enseñando? ¿Cómo se ven nuestras estructuras corporativas? ¿De qué manera nuestras normas de procedimiento y procedimientos reflejan el camino de Cristo? ¿Qué resultados en realidad nos interesan?

En Pablo instruye a su pupilo Timoteo, un pastor joven, a que sea selectivo al pedir a otros que sirvan con él para dirigir la iglesia. Timoteo, cómo discernimos por las Escrituras, puede haber tenido la tendencia de dejarse abrumar a veces. Podía haber escogido a cualquiera que estuviera dispuesto y disponible para proveer liderazgo para la iglesia. Sin embargo, Pablo insistió en que los que iban a proveer liderazgo para la iglesia deberían ser hombres consagrados, maduros, dedicados a la tarea a mano.

Un criterio para el liderazgo ha sido claramente articulado en la Palabra de Dios para la iglesia (1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-9; Efesios 5:8—6:9). Este criterio requiere que la iglesia tome en serio el plan de Dios para dirigir su iglesia. Dios ve su iglesia como esposa y usa términos de la definición de la familia para concentrar nuestra atención en la importancia de las relaciones personales por sobre las tareas de dirigir la iglesia. Tal vez no sea un liderazgo de acuerdo a las normas de hoy, y las razones tal vez vayan a contrapelo de una noción puramente organizacional de la iglesia, pero debido a que es el plan de Dios y viene de Dios, logra su propósito.

Dios describe los rasgos de carácter de los que quieren dirigir su iglesia. Estas cualidades son evidencia de Dios viviendo por dentro. Son resultado de un nuevo nacimiento y la presencia del Espíritu Santo, y se evidencian en una vida espiritual llena de Dios. Revelan que estos líderes se han humillado delante de Dios y han experimentado renovación de entendimiento y conformación a la imagen de Cristo. Al escribir estas cualidades, Dios pone énfasis en quién es una persona por sobre lo que una persona hace, o cómo una persona dirige. Esta verdad es particularmente evidente en los siguientes dos pasajes.

Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto.

—1 Timoteo 3:2-4

El anciano debe ser intachable, esposo de una sola mujer; sus hijos deben ser creyentes, libres de sospecha de libertinaje o de desobediencia. El obispo tiene a su cargo la obra de Dios, y por lo tanto debe ser intachable: no arrogante, ni iracundo, ni borracho, ni violento, ni codicioso de ganancias mal habidas. Al contrario, debe ser hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, santo y disciplinado. Debe apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza que recibió, de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina y refutar a los que se opongan.

—Tito 1:6-9

Fundadamente, la Palabra de Dios subraya el carácter por sobre las destrezas, talentos o dones espirituales cuando se trata de definir a un líder espiritual.

LA INFLUENCIA DE UN LÍDER BÍBLICO

Hebreos 13:7 dice: «Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe». Este mandamiento respalda la enseñanza de toda la Biblia de que los líderes consagrados proveen un cuadro de la vida cristiana para que otros sigan. La obediencia a la Palabra de Dios es lo que separa a los líderes espirituales de los demás tipos de líderes. Estos líderes no sólo son conocedores, sino que son hombres y mujeres que están siendo transformados por la Palabra de Dios. Sus vidas demuestran la práctica de la presencia de Dios.

Estos líderes han recorrido el camino de la vida lo suficiente como para que la evidencia de la obediencia la vean todos: la creencia se ha convertido en vista, la conducta recta ha producido madurez y gracia, lo que conduce a la transformación personal, y ha influido positivamente en otros. Sus matrimonios han madurado en raros y hermosos retratos de amor. Sus hijos han seguido en los pasos de la fe. Sus carreras han demostrado el valor de la formación de las personas, y no sólo recompensas monetarias.

¿Qué sucede cuando los líderes fallan? Los líderes no son perfectos, pero ellos, de entre todas las personas, deben ser transparentes. Deben ser honestos para confesar sus pecados y buscar resoluciones apropiadas y restitución por los fracasos personales. El considerarse responsable ante Dios y a su pueblo típicamente guarda a cualquiera, incluyendo a los líderes, contra los principales desastres de la vida.

UN LÍDER LLENO DEL ESPÍRITU

Como ya hemos notado, Pablo ordena que los líderes bíblicos sean llenos del Espíritu Santo. ¿Qué quiere decir eso? De acuerdo a Efesios 5:18-20, ser lleno del Espíritu Santo quiere decir que uno a uno no lo controla ninguna fuerza externa o interna que no sea el Espíritu de Dios. La persona del Espíritu Santo, viviendo en nosotros, produce la motivación para nuestra conducta, decisiones y comunicación. Efesios 5:19-20 indica que la adoración apropiada provee el contexto para la obra del Espíritu Santo en y por medio del líder cristiano. Colosenses 3:16 suplementa esta enseñanza con un enfoque paralelo en cuanto a permitir que la palabra de Cristo viva en nosotros.

Por consiguiente, ser lleno del Espíritu Santo quiere decir que nos rendimos a su control (Espíritu Santo) y dirección (Palabra de Cristo) momento a momento. Este proceso requiere que como creyentes nos humillemos ante Dios, le rindamos a él el control de nuestras mentes, emociones y voluntad. Conforme el creyente aprende este andar con Cristo, será conformado a la imagen de Dios y llegará a ser calificado para servir como líder de su iglesia.

Hechos 11:1-4 ilustra una respuesta apropiada del apóstol Pedro a la crítica por su ministerio a Cornelio y su casa. Algunos de los creyentes judíos de Jerusalén, cuando oyeron que Pedro había entrado en la casa de un gentil y había comido con él, criticaron esta conducta porque violaba las costumbres y leyes judías. En lugar de defenderse o discutir con ellos, Pedro «comenzó a explicarles paso a paso lo que había sucedido» (Hechos 11:4). Como nos muestra la respuesta de Pedro, los líderes llenos del Espíritu no se ponen a la defensiva. Esta actitud no defensiva edifica la confianza y seguridad en los que dirige. Los líderes seguros obtienen mejor información en cualquier situación. Debido a que el líder es seguro, la gente está dispuesta a abrirse y ser franca. Los líderes seguros ganan discernimiento de esta información y están mejor equipados para tomar decisiones bíblica sabias. El control del Espíritu Santo transforma a los discípulos en líderes espirituales.

LA DEVOCIÓN DE UN LÍDER BÍBLICO

Los líderes bíblicos están consagrados a buscar a Dios. Los líderes espirituales buscan a Dios, confían en Dios y viven para Dios (Salmo 27:4; Proverbios 3:5-6; Gálatas 2:20). Sin embargo, con las demandas de desempeño que los líderes agudamente sienten, la «cuestión de Dios» no siempre se atiende. Mucho de este libro intenta mostrar cómo los líderes pueden responder a la cuestión de Dios. Es decir, «¿activamente confío en Dios en todo aspecto de mi vida y ministerio?» Más fácil de decir que de hacer.

Vemos el liderazgo bíblico como una relación personal activa y dinámica con Dios y su pueblo. Por consiguiente, en la médula de nuestras vidas está la necesidad esencial de que Dios nos ame. Los líderes consagrados han sido fundidos y moldeados por su gracia, no por nuestra competencia. Aunque la estructura y forma caracterizan todas las organizaciones saludables, el ingrediente supremo en toda relación personal es el amor.

El primer lugar en donde es preciso tener esta experiencia de amor es en la vida del líder. Los líderes sin amor procuran usar a otros, y no amarlos. Sin amor, dice la Biblia, simplemente estamos haciendo mucho ruido. En otras palabras, un líder sin amor está «simplemente echando humo».

Sentado en un hotel en San Petersburgo, Rusia, yo (Tim) reflexionaba en una pregunta que me hizo uno de los pastores más ancianos de la ciudad. Hablábamos de las posibilidades de que las iglesias hagan ministerio juntas con Luis Palau por una temporada de evangelización. Él preguntó: «¿Ama Luis Palau a los rusos?» Más que visión, estructura organizacional, objetivos, dinero o impacto en su ciudad, este pastor experimentado exigía saber: «¿No aman ustedes?»

El amor es el pegamento que une a las personas en una relación personal dinámica y santo servicio a Dios. Las iglesias son sanadas y se vuelven saludables cuando el amor fortalece las relaciones personales de los líderes.

¿CÓMO SE ESCOGEN LOS LÍDERES BÍBLICOS?

La respuesta bíblica es clara. A los líderes se lo descubre en el contexto de las relaciones personales. Los líderes surgirán conforme la iglesia vive reunida y sirve a nuestro Señor. Conforme nosotros «vivimos la vida», los líderes santos se vuelven evidentes a todos. Conforme la iglesia enfoca la enseñanza de la Palabra de Dios, adoración, la proclamación de las buenas nuevas, y servirse los unos a los otros, los líderes aflorarán. A los líderes no se los selecciona debido a sus dones solamente, sino más bien debido a su carácter. Deben ser semejantes a Cristo.

El reto para nosotros como iglesia hoy es el vacío de las relaciones personales. Vivimos en un mundo fracturado en donde las relaciones han llegado a ser secundarias a las metas y ambiciones personales. La afluencia en los Estados Unidos de América ha ampliado la puerta para la vida independiente. Así que, en lugar de escoger invertir nuestras vidas en relaciones personales, hemos escogido viajar, mudarnos, divertirnos, convertirnos en adictos al trabajo, obtener más educación, etc. Tomadas dentro del contexto de la totalidad de la vida, estas cosas no son malas; pero en el ambiente de la iglesia pueden ser desastrosas porque a menudo se vuelve sustitutos para las relaciones personales significativas con otros.

Comunidad es un término que usamos para un límite geográfico o centro de recreación. A menudo se lo usa para describir un lugar antes que para describir las relaciones personales dentro de un grupo de personas aprendiendo a vivir juntas. Pero es en el contexto de esta clase de comunidad que se forman las relaciones personales, lo que hace posible que se identifique a los líderes verdaderamente llenos del Espíritu Santo.

¿Cómo puede la sanidad y la salud venir a las miles de iglesias que sufren de una enfermedad terminal? Los líderes llenos del Espíritu son un «antídoto» crítico a esta enfermedad. Es preciso afirmar y escoger a los líderes llenos del Espíritu en base a la instrucción bíblica. Identificamos a estos líderes mejor en el contexto de una comunidad viva. Estos líderes, al andar en el poder del Espíritu Santo, estarán listos para embarcarse en una jornada de sanidad, salud e impacto santo en sus comunidades.


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