The Spirit Driven Church By Allen Quist & Tim RobnettIglesia Dirigida por el Espíritu

Por Tim Robnett y Allen Quist

Capítulo 2

EL TIRÓN DE AFECTOS EN CONFLICTO

Todo creyente se puede identificar con la tensión que Willis Krieger sintió entre permitir que Dios dirigiera a la iglesia y tratar de hacer por cuenta propia el trabajo. Esta tensión es entre nuestro afecto por Cristo, que se hace claro por la dirección y fortaleza que nos da su Espíritu, y el afecto insidioso y engañoso por vivir en la carne. La mayor parte del tiempo no nos percatamos del conflicto o su influencia en nuestras vidas.

LA CARNE FRENTE AL ESPÍRITU

¿Qué es «la carne»? Físicamente, es lo que dice, nuestra carne: nuestra piel, músculos, órganos, sangre y huesos. Entonces hay la aplicación espiritual. Se ha descrito a la carne como la «proclividad a pecar, la naturaleza carnal, la sede de los apetitos y deseos carnales, de pasiones y afectos pecaminosos ya sean físicos o morales».

La carne afloró ya en el relato del Génesis de la caída de la humanidad. La serpiente le dijo a Eva: «¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal» (Génesis 3:4-5). Adán y Eva creyeron la mentira de la serpiente, y escogieron tratar de ser como Dios, de ser autónomos, de hacer que la vida funcione por cuenta propia, sin Dios.

Desde la caída, la humanidad ha continuando queriendo ser como Dios: autoexistente y autónoma, tratando de hacer que la vida funcione sin Dios. (Tal vez el infierno es Dios dándole al hombre lo que quiere, la eternidad sin él.)

El Espíritu, en contraste a la carne, es la tercera persona de la Deidad. El Espíritu es el que Jesús les prometió a sus discípulos. Él es quien nos convence de pecado y nos ayuda a vivir vidas santas.

LA TENSIÓN

¿Cuál es la tensión? En su Carta a los Gálatas, el apóstol Pablo nos dice que hay una guerra en nuestros corazones entre nuestro afecto por el Espíritu de Dios y nuestro afecto por la carne:

Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren.

—Gálatas 5:16-17

Los gálatas estaban atrapados por la ley, y Pablo atacó esa trampa. Preguntó quién estaba dirigiendo las vidas de ellos y la vida de la iglesia: Dios, o el hombre en su carne.

En el mundo de hoy, nuestro espíritu independiente y autodependiente destruye la vida dirigida por el Espíritu en la iglesia. Respetamos la destreza por sobre la conexión espiritual con Dios. Medimos el éxito basado en el número de personas y la cantidad de dinero que entra en la iglesia. Escogemos programas basados en lo bien que funcionaron en otras iglesias en lugar de específicamente dejar a un lado nuestras opiniones, preguntarle a Dios y escucharle. Hemos redefinido los miembros de nuestras iglesias como un recurso.

Nos olvidamos que los seres humanos no pueden hacer la obra de Dios. ¡Solo Dios puede hacer su obra!

Estamos convencidos de que Dios está llamando a las iglesias de regreso a su liderazgo, a la soberanía de Cristo, al lugar en donde dejamos de depender de programas o de pedirle a Dios que bendiga nuestros planes. Dios nos está llamando al lugar en donde simplemente le preguntamos cuáles son sus planes... y entonces escuchamos lo que él nos dice que hagamos.

Jesús dijo: «Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada» (Juan 15:5). Podemos hacer muchas actividades que se ven bien e incluso parecen bendecidas por Dios, pero que no son obra de Dios porque él no nos dirigió a hacerlas. Nos atareamos con el ministerio pero no necesariamente con el ministerio que Dios quiere hacer por medio de nosotros. Hacer la obra de ministerio en la iglesia no es necesariamente la obra de Dios. Pero seguimos intentándolo.

Un día cuando (Allen) era niño, estando en la granja, mi padre me pidió que limpiara los corrales: un trabajo muy apestoso, lleno de muchas moscas y otros insectos… algunos de ellos pican. ¡Era horroroso!

Dirigiéndome al granero, noté que la puerta del galpón de tractores estaba muy estropeada. Fue un momento de decisión. ¿Debería limpiar los corrales o arreglar la puerta? Me convencí de que la puerta era urgente y había que arreglarla; así que me dediqué a la tarea engañándome de que mi padre quedaría complacido y estaría orgulloso de mi dedicación al bienestar de la granja. Él y mamá con seguridad se jactarían ante los vecinos de lo ingenioso que era su hijo.

Dudo que él alguna vez les hablara a los vecinos al respecto, pero sí sé que habló conmigo… me sermoneó sería más preciso. Me había pedido que limpiara los corrales, algo que él quería que se hiciera. Sin embargo, yo detestaba limpiar los corrales así que de alguna manera obstaculicé la verdad hostigosa en mi corazón e hice algo que era más aceptable para mí, mientras que racionalizaba que era algo para él.

Lo que hice con la puerta es la carne en acción. De acuerdo a Pablo, lidiamos con ella todas nuestras vidas. La Iglesia Evangélica Central estaba lidiando con ella, en especial después de que decidieron permitir que Cristo sea soberano en todo aspecto de su iglesia, incluso en la forma en que ellos «hacían las cosas en la iglesia».

¿Ha sido una caminata en el parque para ellos? Ni en sueños.

¿Ha sido fuera de lo ordinario? ¡Definitivamente!

Lo que Willis, Adam y los demás de la Iglesia Evangélica Central hicieron fue salir de la seguridad y adentrarse en la aventura de una vida dirigida por el Espíritu. Se comprometieron a ser sacrificios vivos, a andar en el Espíritu. En esencia, decidieron volver a enfocar sus afectos en Jesucristo. Le preguntaron a Dios qué quería él que ellos hicieran, y escucharon para oír lo que él les decía. (Hablaremos de escuchar en un capítulo más adelante.)

Cada día cuando se levantan, cada vez que se reúnen, en todas sus decisiones, la batalla continúa. Hoy, ¿a quién van a responder? ¿A quién vamos nosotros a responder?

Lo que es nuevo en cuanto a sus luchas ahora es que saben cuál es la batalla. ¡Es mucho más fácil librar una batalla cuando sabemos quién o qué es el enemigo!

¿Puede imaginarse ser parte de una iglesia como esa? Aunque inusual, no es única. El libro de Henry Blackaby What the Spirit Is Saying to the Churches [Lo que el Espíritu les está diciendo a las iglesias] es el relato de la obra de Dios en otra congregación que se abandonó a la dirección del Espíritu.

El punto es que si nuestra congregación no está yendo a ninguna parte, o peor aun, está yendo «a alguna parte» y esa alguna parte es «alguna parte errada», siga leyendo. Dios no ha cambiado. Dios todavía está dedicado a la obra de transformación, obrando en las vidas de individuos y congregaciones que están dispuestos a andar por su Espíritu y permitir que el Espíritu les conduzca a donde Dios quiere que vayan.

La experiencia de la Iglesia Comunitaria Palabra de Vida no empezó con las conversaciones de Tom Lyman y Doug Frazier en cuanto a un renacimiento. Empezó muchos años antes, con las luchas de la Iglesia Evangélica Central.

¿Qué se interponía en el camino? ¿Por qué la gente dejo de oír a Dios?

Esto me recuerda cómo a menudo somos como creyentes. Dios tiene una pasión por los perdidos, pero nosotros estamos muy atareados haciendo todo tipo de ministerio, buen ministerio, que nos mantiene demasiado atareados para escuchar el corazón de Dios. La Iglesia Evangélica Central hizo eso por años. ¿Recuerdan las cenas y ventas de repostería? Ambas cosas pueden ser buenas, pero si nos están manteniendo demasiado atareados, demasiado ocupados para escuchar a Dios, tal vez necesitamos apagar los hornos.

Esto es evidente no tanto en lo que estamos haciendo cuando «hacemos las cosas de la iglesia». Tiene que ver más con lo que no estamos haciendo. No estamos acudiendo a Dios con un corazón receptivo y que escucha, preguntándole lo que debemos estar haciendo en los aspectos prácticos diarios del ministerio. O si en efecto acudimos a Dios, a menudo arrastramos nuestras propias agendas, esperando oír de Dios que nosotros podemos decidir quién tiene el mejor plan. Le preguntamos su voluntad, pero en lo más hondo de nuestro corazón nos reservamos el derecho de tomar la decisión final. Queremos decidir si vamos a limpiar los corrales o arreglar la puerta, aunque sabemos que él quiere que se limpien los corrales.

ÍDOLOS Y PIEDRAS DE TROPIEZO

Unos jefes de Israel vinieron a visitarme, y se sentaron frente a mí. Entonces el SEÑOR me dirigió la palabra: «Hijo de hombre, estas personas han hecho de su corazón un altar de ídolos malolientes, y a su paso han colocado trampas que los hacen pecar. ¿Cómo voy a permitir que me consulten? Por tanto, habla con ellos y adviérteles que así dice el SEÑOR omnipotente: “A todo israelita que haya hecho de su corazón un altar de ídolos malolientes, y que después de haber colocado a su paso trampas que lo hagan pecar consulte al profeta, yo el SEÑOR le responderé según la multitud de sus ídolos malolientes. Así cautivaré el corazón de los israelitas que por causa de todos esos ídolos malolientes se hayan alejado de mí”».

—Ezequiel 14:1-5

Los líderes de Israel fueron a ver a Ezequiel porque querían oír de Dios, tal como nosotros vamos a Dios para oír de él. Pero en esencia, Dios les dijo que sus ídolos (sus afectos por poder, influencia, aprobación o reconocimientos) se interponían. No estaban pidiéndole a Dios dirección con la intención de hacer lo que fuera que él les ordenara hacer.

Todavía sucede eso hoy. Acudimos a Dios preguntándole su voluntad, sin embargo tenemos nuestros propios ídolos de poder, respeto, aprobación, reconocimiento y seguridad, así que de manera callada y sutil nos reservamos el derecho de tomar la decisión final. Ciertos programas, personas o tradiciones pueden convertirse en ídolos. O ponemos límites a la respuesta; o no acudimos a Dios para nada. Tal vez usted haya oído el dicho: «Si piensas que la respuesta no te va a gustar, no hagas la pregunta». A menudo en nuestros corazones sabemos la respuesta que agradaría a Dios, así que no preguntamos.

Ese fue el caso por muchos años en la Evangélica Central. Estaban satisfechos con «hacer las cosas de la iglesia» de la manera en que siempre las habían hecho, y por consiguiente no sentían la necesidad de hacer preguntas. Sin embargo, recuerden lo que sucedió una vez que las hicieron... con un corazón dispuesto a hacer lo que fuera que Dios les revelara. Avanzaron a la aventura de una vida dirigida por Dios, tanto individualmente como congregación. El saber la voluntad de Dios tiene mucho que ver con si estamos dispuestos a abandonar todos nuestros ídolos y en realidad creer que Dios tiene la respuesta.

Henry Blackaby dice que este pensamiento no es popular. «A menudo, cuando hablo con otros en cuanto a que Dios está presente, activo e interviene de forma práctica de esta manera en nuestra obra, alguien me dice que parezco un “místico”, como alguien que no es práctico». Y sin embargo, Blackaby pasa a señalar que en toda la Biblia Dios trata con sus hijos de maneras prácticas.

Tenemos gran dificultad para mantenernos dependiendo de Dios. Trabajamos duro para cultivar a personas hábiles en nuestras iglesias, y después señalamos con orgullo los ministerios y programas que ellas mantienen.

Es fácil imaginarse la vida en la Evangélica Central en los años de declinación de la iglesia. Es una experiencia familiar que la viven decenas de miles de iglesias. Nos levantamos el domingo por la mañana y nos vestimos con algo que se ajusta a las expectaciones de la cultura de nuestra iglesia. Vamos a la iglesia y nos sentamos en el mismo sector del auditorio, y el servicio sigue poco más o menos el mismo formato todas las semanas. Cantamos de un himnario, o cantos, o ambas cosas. El pastor dirige mensajes a los corazones del ochenta por ciento de los miembros con el propósito de estimularlos a hacer más en el servicio a Dios. Algo menos del veinte por ciento de los miembros se sepultan en el «ministerio» para Dios, sintiéndose culpables porque no están pasando con Dios el tiempo tranquilo, sin prisa, que saben que él desea. Unos pocos santos andan delante de Dios de momento a momento. Antes y después del culto, las personas se sonríen unas a otras, poniendo sus caras victoriosas aunque se sientan desalentadas.

Las personas vienen, por lo general de otras iglesias, y se van; ha pasado largo tiempo desde que algún visitante decidiera recibir a Jesucristo y se quedara. De vez en cuando alguien le entrega su vida a Cristo, pero cuando la iglesia empieza a animarle a cambiar ciertas conductas, simplemente deja de venir. La gente piensa: Es mejor que se vayan porque la iglesia tiene una reputación que mantener. Quiero decir, ¿qué va a pensar la gente? Hemos redefinido la «santidad» en un asunto de apariencia y conducta, minimizando el corazón.

¿Parece algo de esto familiar?

La iglesia promedio podría imprimir volúmenes basados en todas las reglas y expectaciones no escritas que nos imponemos los unos a los otros. En realidad, nadie jamás identifica las reglas y expectaciones, y mucho menos las pone contra la regla de medir de la Palabra de Dios.

Nunca ha habido un tiempo en que no nos veamos atrapados en la tensión entre el Espíritu y la carne por nuestros afectos, y por consiguiente nunca hay un tiempo en que los creyentes no necesitemos identificar y crucificar nuestros ídolos y piedras de tropiezo. Sin embargo, pocos se dan cuenta de la lucha. Las iglesias rara vez hacen una selección médica de sala de emergencia. La Iglesia Evangélica Central no lo hizo por años, hasta que la muerte de la iglesia era inminente.

Rara vez la iglesia atiende el problema real: la carne. Nos concentramos en los síntomas y los problemas que se revelan (y hay que tratarlos). Esto es como tomarle la temperatura a un niño enfermo, hallar que tiene fiebre, y resolver el problema poniendo al niño en una tina de agua fría. Sí, es importante controlar la fiebre, pero también necesitamos atender la causa de la fiebre.

¿QUIÉN ESTÁ A CARGO?

Pablo nos da un medidor para evaluar quién está a cargo, la carne o el Espíritu. Él identifica síntomas específicos de la carne.

Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

—Gálatas 5:19-21

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar que Gálatas 5 solo describe a los malos. ¡Pero Pablo escribió esta carta a los creyentes! Es más, escribió esta carta a las iglesias (o asambleas). En tanto que no estamos sugiriendo que no debemos interpretar las Escrituras para el individuo, sugerimos que también debemos mirar esto de una manera corporativa. Esto es lo que queremos decir:

Primero, la iglesia está formada de individuos y por lo tanto tendrá un consenso o personalidad espiritual. Todos somos individuos, y sin embargo somos partes de un cuerpo mayor. Cuando las partes de nuestro cuerpo están lidiando con el pecado, todo el cuerpo está lidiando con el mismo. En una cultura que atesora la independencia, esto es difícil de interiorizar y ponerlo en práctica a diario.

Segundo, Pablo escribió esta carta a un grupo de iglesias (asambleas), y su propósito era que se leyera a las congregaciones como un sermón. Él podía estar hablando tanto a individuos como a la iglesia como un todo. Un ejemplo son los versículos de «unos a otros» del capítulo 5:

En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» Pero si siguen mordiéndose y devorándose, tengan cuidado, no sea que acaben por destruirse unos a otros.

—Gálatas 5:14-15

En este pasaje, Pablo está dirigiéndose a los cristianos como un grupo. Es la voz de un padre que les dice a sus hijos: «Tengan cuidado, porque si no se van a lastimar unos a otros».

Más adelante Pablo usa los pronombres de grupo «nosotros» para dirigirse a la asamblea como un todo.

Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.

—Gálatas 5:25-26

Así que claramente es apropiado interpretar Gálatas como un mensaje a un cuerpo de iglesia antes que solo a individuos. Esto tiene implicaciones críticas.

Los líderes de la iglesia no deben ignorar la tensión entre el Espíritu y la carne que Pablo está considerando. En tanto que los líderes examinan sus vidas como individuos, también necesitan mirar a la congregación y preguntar: «¿Estamos nosotros, como cuerpo de individuos, en verdad tratando de andar en el Espíritu con todos los riesgos inherentes al cambio que Dios tal vez dirija, o estamos permitiendo que nuestro afecto por las cosas de la carne influya en algunos de nuestros miembros para fijar el tono del cuerpo?» Pablo advierte sobre eso también.

Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién los estorbó para que dejaran de obedecer a la verdad? Tal instigación no puede venir de Dios, que es quien los ha llamado. «Un poco de levadura fermenta toda la masa».

—Gálatas 5:7-9

Es esencial que el liderazgo de la iglesia permanezca intencionalmente en guardia, buscando el Espíritu transformador de Dios en la vida de la iglesia para prevenir que la carne la controle. En Gálatas, Pablo dice que para protegernos contra la carne debemos ser dirigidos por Dios por medio de su Espíritu. De inmediato Pablo nos da un medidor como individuos y como asamblea para evaluar esta tensión entre el Espíritu y la carne.

Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.

—Gálatas 5:16

La versión Reina Valera Revisada usa la expresión: «Andad en el Espíritu». Como quiera que lo expresemos, si andamos (o vivimos) en el poder transformador del Espíritu de Dios, el poder de la carne se reducirá.

Cuando hay inmoralidad, pleitos, chismes o cualquier cantidad de otros problemas, predicamos en contra de ellos… y deberíamos hacerlo. No obstante, a menudo no atendemos la causa de esos asuntos: nuestro afecto por nosotros mismos (la carne) usurpa nuestro afecto por Dios.

Al ver estos síntomas de la carne, podemos percibir quién o qué nos controla bien sea como individuos o corporativamente: el Espíritu o la carne. Aunque en efecto tenemos que atender los síntomas, también tenemos que mirar la causa subyacente de esos síntomas. Pablo está diciendo que cuando seguimos los deseos (afectos) de nuestra naturaleza pecaminosa, habrá resultados obvios.

La «inmoralidad sexual», endémica en la iglesia, está ignorando al Espíritu y tratando de satisfacer los deseos de maneras que Dios no propuso. Dios nos llama a deleitarnos en él; a enfocar nuestros afectos en él. Dios nos ama con su amor infinito e indescriptible, y nos da la oportunidad de recibir ese amor y nos llama a amarle a nuestra vez.

Los «pensamiento impuros» son aquellos que se «alean», pensamientos de doble ánimo; no la mente de un sacrificio vivo. Se podría pensar del «libertinaje» como lujuria. Incluso las iglesias corporativamente pueden codiciar cosas tales como edificios que son testimonio a la gloria y riquezas del hombre.

«Consumismo» es el término que describe mejor a nuestra sociedad impaciente que está hasta el cuello de deudas. Por desdicha, este término también se aplica a las iglesias que deben tener lo último en todas las cosas —una cafetería en el vestíbulo, sillas de teatro en el auditorio, sistema de sonido de alta tecnología—, puede ser cualquier cosa que toma precedencia por sobre los ministerios de Dios.

A la mayoría de los creyentes les gustaría limitar la «idolatría» a algo como adorar una estatua o un ídolo... algo superficial que es fácil evitar. Pero Pablo nos ayuda a entender esta palabra en Colosenses 3:5 cuando asocia la codicia con la idolatría. Eso suena como materialismo, ¿verdad? Algunas iglesias han convertido su templo en un ídolo.

El resto de la lista: odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia, describe a muchas iglesias. Los problemas se vuelven tan comunes que muchas organizaciones han empezado ministerios para lidiar con el conflicto de individuos o grupos dentro de las iglesias. Es más, fue una división lo que dio lugar a nuestro primer contacto con la Iglesia Evangélica Central.

Hay otro lado del conflicto: andar en el Espíritu. Esta es una vida con nuestros afectos enfocados en Jesucristo, y no simplemente en el ministerio de Jesucristo. La vida dirigida por el Espíritu es una vida de dependencia de Dios, una vida de amor creciente por él y obediencia creciente a él, que fluye de nuestra relación personal de amor con él.

Así como hay evidencia de la carne, hay evidencia de la vida del Espíritu (el fruto del Espíritu). La evidencia es obvia tanto en individuos como en iglesias.

En una iglesia guiada por el Espíritu hallamos amor contagioso; un amor por Dios que resulta en amor por las personas. En una iglesia dirigida por el Espíritu todavía hallaremos problemas, sufrimiento, pérdidas y frustración. Sin embargo, en esos tiempos difíciles, hallaremos una paz y gentileza en la congregación que produce un fuerte sentido de seguridad para los visitantes y nuevos creyentes para que crezcan en Cristo de una manera confortable.

En Gálatas, Pablo describe el fruto del Espíritu: «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (5:22-23). Cuando una iglesia en verdad procura poner en práctica estos atributos, es una iglesia llena del Espíritu. ¡Nuestro deseo es que esto sea una realidad en nuestras iglesias!

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Introducción Iglesia Dirigida por el Espíritu | Contenido de Iglesia Dirigida por el Espíritu | Prólogo por Luis Palau

Iglesia Dirigida por el Espíritu
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¿Quién está dirigiendo a la iglesia?
Capítulo 1 | Capítulo 2 | Capítulo 3 | Capítulo 4

Principios del liderazgo y la administración dirigidos por el Espíritu
Capítulo 5 | Capítulo 6 | Capítulo 7 | Capítulo 8 | Capítulo 9 | Capítulo 10

La implementación de la dirección del Espíritu
Capítulo 11 | Capítulo 12 | Capítulo 13 | Capítulo 14
| Capítulo 15 | Capítulo 16

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