El espíritu impulsado por la iglesia por Allen Quist y Tim Robnet

Iglesia Dirigida por el Espíritu

Por Tim Robnett y Allen Quist

Capítulo 16

LA RENOVACIÓN DE LAS PERSONAS Y EL MINISTERIO

Elías halló que la total dedicación y servicio al Señor vino con gran costo físico y mental. Habiendo exhibido extraordinario valor y poder frente a los profetas de Baal, Elías vio el poderoso poder del Señor consumir los sacrificios en el monte Carmelo. El juicio vino sobre los falsos profetas, y la vindicación del poder de Yahvé se vio como nunca antes.

Habiendo sido usado por el Señor de una manera tan poderosa, Elías corrió una distancia de maratón delante de Acab hasta Jezreel. Uno pensaría que una acción tan fuerte derretiría el corazón de cualquiera, y sin embargo la cólera de Jezabel se expresó a Elías en estas palabras: «¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la vida como tú se la quitaste a ellos!» (1 Reyes 19:2).

De acuerdo a las Escrituras, el temor abrumó a Elías y él huyó para salvar su vida. Posiblemente fue algo inteligente que hacer. Corrió toda la distancia de Israel a Beerseba. Dejando a su criado allí, siguió al desierto. Allí, sólo debajo de un enebro, sus verdaderos sentimientos brotaron de sus labios en estas palabras: «¡Estoy harto, SEÑOR! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados» (1 Reyes 19:4). Elías estaba agotado, profundamente deprimido, y con gran necesidad de descanso y renovación. ¿Tiene usted una necesidad de renovación?

Dios le permitió que duerma, coma, y oiga su voz de nuevo. Qué profunda experiencia fue ésta para Elías. Y es un patrón para nosotros. Fortalecido por la corrida, bebida y descanso, Elías viajó cuarenta días al monte Horeb en donde el Señor lo encontró de una manera fresca, personal y dramática. Todos recordamos el relato del viento fuerte y poderoso, el terremoto y luego el fuego, pero nada de mensaje de Dios. Y entonces «vino un suave murmullo» (1 Reyes 19:12). Sí, con el suave murmullo vino un nuevo diálogo con el Señor. Elías expresó desilusión y duda. Dios escuchó. Dios volvió a comisionarlo. Elías obedeció.

Todos necesitamos descanso y renovación; no sólo ocasionalmente, sino en forma regular. Como individuos, familias, iglesias y organizaciones cristianas necesitamos renovación. Lo que sabemos y experimentamos como individuos con Dios necesitamos experimentar como comunidades que viven para Dios y le sirven. Presente para nosotros aquí está la necesidad de renovación como una parte estratégica de administrar nuestra organización. Administrar a las personas de Dios quiere decir que nos preparamos para renovación, y no esperamos a que alguna crisis obligue el asunto.

Un número de expresiones de esta renovación planeada viene a la mente. Dios orquestó el calendario para la nación de Israel al incluir ocasiones especiales cada año para adoración y renovación (Levítico 23). En la década de los ochenta yo (Tim) tuve el privilegio de pastorear la Iglesia Bautista Palm Springs. Uno de los ministerios especiales para mí durante esos años fue desarrollar nuestro ministerio a las familias. Por sugerencia de un pastor de más edad de nuestra denominación, empecé a predicar una serie de mensajes cada año, desde el Día de la Madre al Día del Padre relativos a la familia. Además, empezamos nuestro retiro anual para parejas. Después de pocos años, una de las parejas jóvenes vino y me pidió que se le permita empezar a dirigir este ministerio debido al crecimiento en sus propias vidas por lo que habíamos estado haciendo. A la renovación le encanta renovar a otros.

LA BASE PARA LA RENOVACIÓN

La renovación brota de ocasiones cuidadosas de evaluación. Cuando el ciclo de administración recorre el círculo completo, suficiente información se ha adquirido para decir que es preciso hacer algunos refinamientos. Esto es normal, saludable y deseable. La renovación se basa en la necesidad de cambio: cambio personal y cambio corporativo. El liderazgo necesita modelar la necesidad de cambio basada en las temporadas de evaluación y renovación personal.

¿Qué dice la Biblia en cuanto a evaluación? Dios es un evaluador. El apóstol Pedro dijo: «Pero ellos [los paganos] tendrán que rendirle cuentas a aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos» (1 Pedro 4:5). Pablo le dijo a la iglesia de Corinto: «Porque es necesario que todos [los creyentes] comparezcamos ante el tribunal de Cristo» (2 Corintios 5:10). La Palabra de Dios es su instrumento de evaluación: «Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, . . . y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12). El Padre le ha delegado al Hijo la responsabilidad del juicio, «y [el Padre] le ha dado autoridad [al Hijo] para juzgar» (Juan 5:37).

Como creyentes debemos evaluarnos nosotros mismos. «Examínense para ver si están en la fe; pruébense a sí mismos» (2 Corintios 13:5). Jesús enseñó: «saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano» (Mateo 7:5). La evaluación personal debe preceder y tomar precedencia por sobre la evaluación de otros. Entonces somos llamados a evaluar a otros para el liderazgo (Hechos 6:1-3) y conducta personal (Colosenses 1:28; Mateo 18:15-18; Gálatas 6:1). Por último debemos evaluar al mundo (Romanos 12:2; 1 Juan 4:1; 1 Tesalonicenses 5:21).

La evaluación de uno mismo y del ministerio de la iglesia u organización cristiana debe conducir a alabanza por las bendiciones y el fruto del ministerio. La alabanza a Dios y su familia debe ser una primera prioridad en la evaluación. Un Salmo del Día del Señor incluye esta nota de alabanza: «Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume. . . . Como palmeras florecen los justos; . . . Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos» (Salmo 92:10-14).

La evaluación apropiada también conduce a admitir la necesidad de cambio. Mediante la evaluación propia regular e intencional, el creyente puede estar cerca de Cristo. Pablo exhorta a los creyentes de Roma a ofrecer sus cuerpos «en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. . . . sean transformados mediante la renovación de su mente» (Romanos 12:1-2). Esta transformación de la mente viene en vista de la misericordia de Dios. El mensaje a los Romanos que precede al capítulo 12 bosqueja las misericordias de Dios. Aquí uno halla el contenido de la transformación personal.

¿EN QUÉ ASPECTOS DEBE TENER LUGAR LA RENOVACIÓN?

El Salmo 78:72 refleja la evaluación que Dios hizo de David el pastor de Israel: «Y David los pastoreó con corazón sincero; con mano experta los dirigió». La renovación necesita tocar nuestros corazones y nuestras manos, nuestras vidas internas y nuestras destrezas de liderazgo. Por consiguiente, al pensar en la renovación de la iglesia u organización cristiana, nosotros, los líderes, necesitamos empezar con nosotros mismos y entonces hallar sendas para que toda persona en la organización sea tocada regularmente por el proceso de renovación. En lugar de ver la renovación y el reaprovisionamiento como una medida «de emergencia», los líderes dirigidos por el Espíritu intencionalmente dan lugar a períodos de evaluación y renovación.

La prioridad del corazón sobre la mano no sorprende a nadie. Los líderes de la iglesia comprenden que la transformación interna y renovación pavimenta el camino en la agenda de Dios para el crecimiento en las destrezas de liderazgo. Por consiguiente, como David, debemos decir: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu» (Salmo 51:10). O como dijo en el Salmo 139:23-24: «Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno». O como Juan, el apóstol amado, exhortaba a las iglesias de Turquía: «El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias» (Apocalipsis 3:6).

Además, como líderes de una iglesia u organización cristiana, debemos desarrollar nuestras destrezas en el ministerio. Estas destrezas cubren toda la variedad de lo que Dios nos ha pedido a cada uno de nosotros que realicemos en nuestra cultura y ambiente particular de ministerio. Confiamos, por ejemplo, que este libro le dará nociones para integrar la obra del Espíritu Santo en usted y por medio de usted en términos de liderazgo y procesos de administración.

Las destrezas de liderazgo y administración deben ser aprendidas y refinadas. Cada uno tenemos nuestro propio aspecto de ministerio que requiere crecimiento continuo. Con la abundancia de información y recursos disponibles para crecer en las destrezas de liderazgo, destrezas de comunicación, destrezas en las relaciones interpersonales, destrezas en la música y adoración, destrezas para levantar fondos, etc., tenemos muchas opciones sobre cómo queremos integrar el conocimiento y destrezas adicionales. No queremos dar por sentado que lo sabemos todo. A menudo nos olvidamos más de lo que queremos admitir. El Espíritu Santo maximiza lo que quiere lograr mediante nuestras destrezas. La disciplina de aprender y dominar nuevas destrezas nos reta a cada uno en nuestro servicio al Señor.

Yo (Tim) nunca me imaginé que el Señor usaría el Doctorado en Ministerio que obtuve en el Seminario Fuller en 1994, para abrir una puerta de ministerio para mí en el Seminario Bíblico Multnomah en 1996. Yo había esperado que algún día en el futuro distante tal vez pudiera enseñar en una universidad bíblica o seminario. Debido a que tenía un doctorado, Dios me usó en un momento inesperado para enseñar en el Seminario Multnomah. Para mí, los estudios a nivel de doctorado no sólo me prepararon para un ministerio más efectivo, sino que también abrieron una puerta para enseñar a nivel postgraduado.

Así que necesitamos una renovación del corazón y de la mano. Conforme adquirimos destrezas en el ministerio, nunca debemos separarlas de nuestra necesidad de renovación del corazón. La renovación personal no puede desconectarse de la práctica de renovación corporativa. Cuando la iglesia participa en la Cena del Señor, Pablo dice que debemos examinarnos nosotros mismos y corregir las cosas con otros creyentes antes de participar del pan y de la copa (1 Corintios 13:23-24). La iglesia necesita renovación en sus ministerios tan urgentemente como el individuo.

¿CÓMO SE PUEDE IMPLEMENTAR LA RENOVACIÓN?

Primero, los ancianos de la iglesia pueden dirigir al practicar la renovación en sus vidas personales y en las reuniones de liderazgo. Mediante la adoración, reflexión y oración, los líderes deben ir ante el Señor para buscar su dirección en el cambio personal y corporativo. Esto se puede hacer en las reuniones semanales o mensuales, ante la congregación en las ocasiones de adoración, y en ocasiones especiales para retiros.

Segundo, los ministros de la iglesia deben practicar renovación en sus reuniones de ministros, al dirigir los varios ministerios de la iglesia, y en ocasiones especiales de retiro. Puesto que el personal evalúa de manera más sistemática, necesitan brindar su experiencia para fortalecer a otros en esta disciplina. A menos que veamos la evaluación como escuchando al Señor y las necesidades de la comunidad a fin de refinar y ajustar el cómo estamos haciendo el ministerio, se vuelve un ejercicio inútil. El contexto de la evaluación debe ser buscar comprender la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas y por medio de ellas. La renovación debe ser el objetivo de este proceso.

Tercero, los líderes y ministros de la iglesia deben dirigir a la congregación en temporadas de renovación, haciendo énfasis en la obra de Dios que nos guía a alabarle y a buscar su instrucción en lo que debemos dejar de hacer, lo que debemos empezar a hacer, y cómo podemos ministrar mejor. En el proceso, se debe animar a las personas, exhortarlas y apreciarlas. La meta del liderazgo al equipar al cuerpo de Cristo es edificar el cuerpo de Cristo, no destrozarlo. Debemos buscar la obra del cuerpo de Cristo en unidad y diversidad. Esto exige claro liderazgo en el proceso de evaluación, conduciendo a tiempos de renovación y refrigerio (Efesios 4:12-32).

UN EJEMPLO DE RENOVACIÓN EN MEDIO DEL MINISTERIO

Un estadista consagrado llamado Nehemías destaca el papel estratégico de la renovación. Nehemías capta la esencia de la dirección y administración de un grupo de personas que está completamente fuera del plan de Dios. Dios primero tocó el corazón de líder, Nehemías. Visitando la destruida capital de Israel, Nehemías vio con sus propios ojos la condición terrible y trágica de la ciudad de su pueblo. Dios puso a Nehemías de rodillas y plantó en su corazón un sueño. Al levantarse del polvo de Jerusalén en 445 a.C., Nehemías era un hombre cambiado. El peso por reconstruir Jerusalén creció en su corazón como un fuego encendido con leña seca y viento fuerte.

El poder del relato se agranda al darnos cuenta de que Esdras había reedificado el templo algunos años antes. Sin embargo Dios no estaba satisfecho con una capilla con el solo propósito de presentar sacrificios. Quería ver una ciudad plenamente funcionando con toda las dinámicas de la vida familiar, comercio y gobierno funcionando a todo dar. ¿Por qué otra razón reconstruir los muros de la ciudad? Los muros de la ciudad eran residencia de muchos pobladores, y las puertas de la ciudad eran lugares de comercio y gobierno. Pienso que Dios quería que su gloria se vea en todo aspecto de la vida, y también Nehemías.

La oración había encendido en Nehemías una nueva intrepidez y resolución para restaurar lo que había sido destruido (Nehemías 1:4). Con un plan sembrado en su corazón, halló que Dios abría el corazón del rey para financiar la visión. Con papeles de autoridad, un plano en su mente, y un equipo con el cual trabajar, Nehemías empezó la construcción. Delegó responsabilidades a cada clan de acuerdo a su herencia ancestral. La gente estuvo altamente invertida antes de que muevan la primera piedra. Cuando surgió la oposición Nehemías ejerció sabiduría y resolución. Renovó a los trabajadores oprimidos con el reto de tener una pala en una mano y una espada en la otra. La renovación de espíritu vino con un reto de enfrentar las artimañas del enemigo con creatividad y determinación.

Les llevó solo cincuenta y dos días para mover miles de piedras y construir decenas de metros de la muralla de la ciudad (una muralla de mampostería), todo esto en medio del ultraje verbal y amenazas de toda clase. ¡Asombroso! ¡Increíble! Cuando las personas están renovadas de corazón y mente, pueden suceder cosas poderosas. Pero el proyecto no estaba completo sino cuando se participó en la celebración. Nehemías entendía que terminar la muralla no era el objetivo último: ¡era adorar a Dios en una ciudad renovada! Dios quiere que su pueblo disfrute de la seguridad de la ciudad y tenga una experiencia de su presencia en medio de ellos. Nehemías se dio cuenta de que la renovación de los corazones de ellos conduciría a adorar a Dios. Y la adoración a Dios no sería la única bendición para los pocos judíos que entonces vivían en Jerusalén, sino que «Era tal el regocijo de Jerusalén que se oía desde lejos» (Nehemías 12:43). Cuando el pueblo de Dios es renovado, toda la ciudad oirá alabanzas a Dios.

¿QUÉ SIGNIFICA LA RENOVACIÓN PARA LA IGLESIA DE HOY?

Renovación quiere decir que la iglesia será una comunidad saludable en donde se adora Dios, los creyentes son transformados, y la comunidad en general percibe la presencia de Dios.

Renovación quiere decir que la iglesia es un lugar feliz y santo. La adoración a Dios ocupará el escenario central en las prioridades de la iglesia. La adoración personal y corporativa dominará la conversación e interacción de las personas. El percatarse de un Dios santo y amante fascinará a los que adoran. La alabanza caracterizará sus ocasiones de adoración. Los sombríos se quitarán sus abrigos de depresión y se pondrán vestidos de alegría. La renovación por el Espíritu Santo elevará los corazones por encima de las cargas del día.

La iglesia crecerá en santidad. Cuando Dios está en el escenario central, el enfoque está sobre él, y no sobre nosotros. Cuando lo miramos a él, su verdad brilla en nosotros. Empezaremos a ver lo oscuro de nuestras almas. Los pecados ocultos serán más públicos. Nuestro hambre de pureza y justicia llama a nuestros corazones a que seamos más como él. Cuando la renovación viene, el pueblo de Dios se vuelve al Señor con un nuevo deseo de ser conformados a su imagen.

Esto quiere decir que conforme dirigimos y administramos a la iglesia, necesitamos hacer preguntas como: «¿Está Dios renovando nuestros corazones y mentes?» «¿Hay hambre de Dios?» «¿Por qué?» «¿Por qué no?» El liderazgo y administración con el propósito de eficiencia sin hambre de Dios es un ejercicio en carnalidad. Somos llamados a considerar los caminos de Dios que nos conducen más cerca de él, y no simplemente a hacernos una mejor organización. Por consiguiente, el objetivo de la organización es acercar a las personas más a Dios.

La administración y liderazgo organizacional, como la estructura de esqueleto de nuestros cuerpos, deben «estar allí, pero no verse». Como ya dijimos antes, un cuerpo enflaquecido u obeso no es saludable ni eficiente. Pero un cuerpo que es saludable necesita una estructura de esqueleto fuerte. El liderazgo y administración organizacional es ese esqueleto. Cuando el Espíritu Santo fortalece a los que tienen dones para guiar y administrar los asuntos de la iglesia, ellos a su vez se someten a su liderazgo como siervos líderes, y con la iglesia regularmente buscan al Señor mediante un proceso diestro de administración y liderazgo organizacional.

Anhelamos renovación en nuestras vidas. Cuando hallamos eso en la presencia de Dios, su pueblo halla plenitud de gozo. Únase a nosotros para renovar nuestra pasión por él y nuestra consagración a ser siervos por amor a Jesús a la iglesia por la que él murió y por la que ahora vive.


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