El espíritu impulsado por la iglesia por Allen Quist y Tim Robnet

Iglesia Dirigida por el Espíritu

Por Tim Robnett y Allen Quist

Capítulo 10

CÓMO TOMAR DECISIONES DIFÍCILES

Las emociones típicamente se intensifican cuando la iglesia toma decisiones que le afectan a uno y a la familia. Las personas en realidad se preocupan por esos asuntos que tocan sus relaciones personales, calendarios, billeteras o reputación. La iglesia se halla continuamente lidiando con asuntos altamente personales. Así es como debe ser. El cimiento de la iglesia es Jesucristo, pero se edifica en personas: personas por las que Cristo murió; personas que Dios ama y llama su esposa. Cuando los líderes toman una decisión que afecta a las personas, las personas desean ser parte de ese proceso. Quieren que sus voces se oigan y se atiendan sus deseos.

Hace poco yo (Tim) experimenté la pasión que nuestra iglesia tiene por cultivar relaciones personales santas. En el transcurso de años recientes hemos estado descubriendo el poder de las relaciones personales; una jornada que está transformando nuestras vidas.

En una reunión de información, se propusieron algunas nuevas ideas para estructurar nuestras relaciones personales. La idea de cambiar cómo estamos organizados para hacer el ministerio fue recibida con resistencia. A eso siguió un debate saludable y acalorado. Había que tomar una decisión al punto. Lo que los líderes habían planeado para esa noche no estaba teniendo lugar, pero había energía que fluía, y detener la interacción hubiera apagado el Espíritu. Así que, aunque no se planeó ni se tomó votación, tomé la decisión de dejar que el debate siga. Fue una decisión difícil para mí, porque en ese momento yo sentía la tensión entre «lo que se había anunciado» y «lo que está sucediendo ahora mismo». Para los líderes de la iglesia, tomar decisiones difíciles es una experiencia diaria.

LA TOMA DE DECISIONES DIFÍCILES ES PERSONAL Y CORPORATIVA

La toma de decisiones difíciles nos recuerda nuestras propias luchas personales en esto de ser conformados a la imagen de Cristo. Dios a menudo nos trata de maneras que no necesariamente nos gustan. El amor de Dios nunca cesa, pero él también nunca hace acomodos con su carácter. A menudo me recuerda que la iglesia es la esposa de Cristo. La obra de Dios se concentra en purificar a su esposa. La Palabra de Dios clara e intrépidamente indica que Dios está preparando una esposa santa para su Hijo santo (Efesios 5:26).

En consecuencia, la obra de Dios incluye todo lo que hará a la esposa más perfecta y pura. Así, el cambio se vuelve la palabra del día. Quitarnos nuestro yo pecador y ponernos el nuevo yo en Cristo nos llama cada día a una vida de obediencia y cambio. Este proceso a menudo viene con una rendición renuente a nuestro Señor. A menudo atesoramos los hábitos del alma que nos hacen sentirnos cómodos en nuestra jornada terrenal. Los hábitos de la indulgencia propia, ociosidad, orgullo, adicciones y lástima de uno mismo levantan sus voces en protesta cada vez que el Espíritu de Cristo llama a una vida de rendición y sacrificio propio.

Nuestro recorrido no es solitario. Avanzamos con otros peregrinos a quienes Dios nos llama a amar y servir. Nos reta la audacia de la idea de que en realidad tenemos que «llevarnos bien» y vivir una vida en unidad con Cristo y los unos con los otros. Nuestra naturaleza de pecado quiere que todo fuera asunto de «yo» y «mío», pero hay otros que también se llaman seguidores de Jesús. Necesitamos cantar y adorar al Señor juntos, y sin embargo luchamos en cuanto a cómo, cuándo y dónde. Sí, sería algo más fácil si pudiéramos decidir el estilo «apropiado» de música, la hora «precisa» para el culto, el centro de adoración de tipo «justo», con el líder de adoración «preciso». Sin embargo, la mayor parte de la vida en la iglesia no es cuestión de lo que nosotros preferiríamos. Así que, ¿cómo navegamos la cuestión de tomar esas decisiones que agradarán a nuestro Señor y motivarán a su pueblo a amarle y servirle?

No se equivoque en este asunto de liderazgo. El liderazgo es cuestión de tomar decisiones bíblicamente sólidas, llenas del Espíritu y sabias, a tiempo.

Hubo un comercial durante el Súper Tazón hace varios años que demuestra el reto que enfrentan los líderes. Empezaba con una escena del Oeste, con vaqueros montados en sus confiables caballos, el polvo llenando del aire, mientras los vaqueros gritaban y lanzaban silbidos para exigir la atención de esos . . . ¿esos gatos? Sí, gatos, no vacas, eran los objetos de «esos gateros». Tratando de conseguir que esos gatos de mente independiente, y caprichosos, avancen en la misma dirección al mismo tiempo era bastante imposible. Sin embargo, ese es el reto para los líderes de la iglesia hoy.

Hoy, como en cualquier generación, Dios llama a los líderes a tomar decisiones bíblicas sabias que motiven a los seguidores de Jesús a vivir bien para nuestro Rey. Queremos presentarles a los líderes el reto de considerar no sólo su estilo de liderazgo, sino también la necesidad de tomar decisiones cuando hay mucho en juego y la presión es grande. Tenemos la confianza de que la mayoría de los que están en el liderazgo están buscando al Señor para descubrir su voluntad en cada situación. ¿Cómo es, entonces, que a menudo hallamos respuestas tan divergentes para las decisiones que el Señor nos pide tomar?

PRINCIPIO 1
SATURACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS Y ORACIÓN

¿Cuál sería un proceso bíblicamente sólido para tomar decisiones difíciles? Veamos unos pocos ejemplos bíblicos. La iglesia inicial enfrentó decisiones difíciles desde su comienzo. Hechos 1 empieza no sólo con el recordatorio de la comisión de Cristo a la iglesia, sino también responde a la pregunta: «¿Qué vamos a hacer ahora»?» Cristo ascendió y dejó atrás a la iglesia. Así que la iglesia se reunió en oración. Esa es la respuesta bíblica que se espera, ¿verdad? Por supuesto. Estaban siguiendo un patrón que Jesús les había enseñado: orar en privado (Mateo 6:6), orar en forma clara y sencilla (Mateo 6:7-13), orar antes de la selección de discípulos (Lucas 6:12ss), orar cuando uno quiere que los demás lo entiendan mejor (Lucas 9:18), orar en medio de la muerte (Juan 11), y orar continuamente (Lucas 11:9-10). Así que la iglesia se reunió, posiblemente por temor a los judíos, pero, más significativamente, a mi juicio, por obediencia y fe para esperar lo que el Señor les había prometido.

Durante uno de esos tiempos de oración, Pedro les recordó el Salmo 109:8: «Tome otro su oficio». Esta dirección del Espíritu Santo llevó a la iglesia a pedirle a Dios una respuesta a una pregunta muy difícil: ¿quién iba a reemplazar al traidor? ¿Quién debía llenar los zapatos del que el Señor había seleccionado, y que le traicionó? La iglesia propuso a dos hombres. Seleccionaron a uno echando suertes. La iglesia dijo: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido» (Hechos 1:24).

Echar suertes ya no es una práctica común. Sin embargo, la pregunta central es: «¿Estamos confiando en Dios?» ¿En quién confiamos al tomar decisiones? ¿La voluntad de quién nos interesa hacer? ¿La nuestra? ¿La de Dios? Fundamental para toda toma sabia de decisiones es la pregunta: «¿La voluntad de quién queremos ver que se realiza?»

Pensar en orar y esperar en el Señor es fácil, y sin embargo no necesariamente fácil de practicar. Queremos acción ya. Necesitamos que esto se haga hoy. El mundo se abalanza al infierno, y necesitamos hacer algo al respecto ahora. Sin embargo, el patrón de las Escrituras nos dicen que nos tomemos tiempo, posiblemente un montón de tiempo, para esperar juntos en el Señor, y orar. ¿Por qué cosas debemos orar? ¿Qué es lo que la iglesia debe pedir mientras ora en cuanto a decisiones difíciles?

Pablo explica en 1 Corintios 2:16: «Nosotros, por nuestra parte, tenemos la mente de Cristo». El punto aquí es que por medio del Espíritu Santo los mismos pensamientos de Dios son comunicados a la iglesia en palabras que nosotros podemos entender. Por consiguiente, las Escrituras informan nuestro conocimiento de la voluntad de Dios. Así que la Palabra de Dios, la Biblia, debe informar nuestras oraciones. Es la revelación propia de Dios de sus propósitos y voluntad. Nos dirige hacia cómo debemos orar. ¿Cómo podemos hacer esto a nivel de liderazgo en la iglesia?

Una experiencia contemporánea común que permite un encuentro con el Dios viviente, tanto individualmente como corporativamente, son los seminarios y conferencias con propósitos de educación. Muchos en la iglesia también han estado practicando retiros con propósito de oración y de oír la voz del Señor. Esas experiencias dan por sentado que Dios ha hablado en su Palabra, pero también que Dios habla mediante su Palabra por su Espíritu a la iglesia hoy.

Aunque parece ayer, fue hace más de veinte años que yo (Tim) asistí a un retiro de liderazgo con líderes de la iglesia que estaba pastoreando. Había sido una temporada de oración, buscando juntos al Señor. La jornada había estado repleta de tropezones, vueltas y altos inesperados todo el camino, pero en esos varios días en el retiro empezamos a oír y a ver la voluntad de Dios desdoblarse ante nosotros. Por la oración, por la lectura y meditación en la Palabra de Dios, y en incontables conversaciones surgió un sumario claro y energizante del plan de Dios para nosotros. ¡Bingo! ¡Oímos! ¡Creímos! ¡Lo hicimos!

Los líderes de la iglesia son llamados a tomar decisiones difíciles para la iglesia todos los días. ¿Cómo? Primero y primordialmente debemos dedicarnos nosotros mismos a la oración, a la inmersión en la Palabra de Dios y a oír a Dios.

PRINCIPIO 2
OBEDIENCIA A DIOS, NO AL HOMBRE

Los apóstoles, habiendo recibido el bautismo del Espíritu Santo, hallaron nueva intrepidez para predicar las buenas noticias de Jesucristo. Apasionadamente anunciaron que Cristo había resucitado, y que en su nombre había perdón de pecados y la recepción del Espíritu Santo. Esta intrepidez trajo persecución. Los líderes judíos envidiosos se vieron amenazados por la respuesta del pueblo al mensaje que ellos pensaban que habían suprimido al crucificar a Jesús. Ahora había un nuevo brote de predicación de Jesús como el Mesías. La predicación con intrepidez y los milagros trajeron la atención a los apóstoles. ¡Mala atención! Arrestos, juicios, encarcelamientos y azotes caracterizaron las primeras semanas después del nacimiento de la iglesia. La pregunta del día era: «¿Vamos a obedecer a Dios o a los hombres!» (Hechos 4:18-20; 5:29).

Debemos tomar decisiones difíciles debido a la obediencia Dios, y no a los hombres. ¿A quién estamos tratando de agradar? ¿A Dios o a los hombres? ¿Qué presiones sentimos? ¿A quién estamos tratando de impresionar? Las decisiones difíciles exigen una clara comprensión de lo que es obedecer a Dios. El llamado a la obediencia de parte de de la iglesia nos pone en el filo cortante de la cultura. La iglesia es una catalizadora que produce olas de reacción, alterando a muchos que quieren confort y el estatus quo. Las decisiones difíciles no siempre se sienten bien, pero el Espíritu Santo da fe, paz e intrepidez para tomarlas.

PRINCIPIO 3
HAY UN COSTO EN LA TOMA DE DECISIONES SANTAS

Las decisiones difíciles cuestan algo. Para los apóstoles, les costó encarcelamiento, hostigamiento y flagelación. ¿Cuál fue su respuesta? «Así, pues, los apóstoles salieron del Consejo, llenos de gozo por haber sido considerados dignos de sufrir afrentas por causa del Nombre» (Hechos 5:41).

¿Qué significa esto para los que toman decisiones difíciles de liderazgo hoy? En primer lugar, no quiere decir vivir con un complejo de mártir. No necesitamos ir por todos lados pensando: ¡Ay de mí, me hostigan por causa de Jesús! Nadie me quiere. Soy nada más que un humilde siervo de Jesús.

En segundo lugar, necesitamos pensar sinceramente en presentar una verdadera expresión de cristianismo. ¿Somos relevantes culturalmente o en acomodos culturalmente? ¿Vemos que nuestra iglesia produce verdaderos seguidores de Jesucristo o cristianos cómodos? ¿Están nuestras vidas siendo transformadas por Cristo o conformándose al mundo? ¿Nos impulsa el éxito, la significación o el sacrificio? ¿Estamos procurando agradar a otros? ¿Estamos tratando de satisfacer nuestro insaciable deseo de satisfacción personal? Muchas preguntas difíciles surgen al pensar en la obediencia a Cristo.

Tercero, ¿qué estamos predicando y enseñando como las buenas noticias de Jesucristo? ¿Cuál es nuestro mensaje? ¿Qué acciones estamos llamando a las personas que hagan? ¿«Demandamos» algo de los seguidores de Jesús? ¿Quién es este Jesús que murió por nosotros, un mequetrefe o el Señor soberano? Complacer a nuestro Señor fue la fuerza impulsora en la vida de los apóstoles. Pablo dijo: «Por eso nos empeñamos en agradarle» (2 Corintios 5:9). Este es el mayor de todos los objetivos, y es costoso.

PRINCIPIO 4
¿VIDA O MUERTE?

Las decisiones difíciles quieren decir vida o muerte. Hechos 5:1-11 ilustra la actividad del Espíritu Santo al demostrar su castigo en los que mienten. Los líderes de la iglesia deben afirmar las decisiones difíciles de Dios sobre el pueblo de Dios por su desobediencia. Hacer preguntas claras y cruciales llega a ser el papel de esos líderes que modelan la llenura del Espíritu Santo.

Las decisiones difíciles exigen preguntas difíciles. Preguntas altamente personales son el orden del día para los líderes de la iglesia. El texto de las Escrituras no dice cómo Pablo sabía que Ananías había mentido. En Hechos 5:3 Pedro pregunta: «—Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno?»

Probablemente esa no fue una pregunta fácil de hacer. Habiendo experimentado muchas expresiones poderosas de la obra del Espíritu Santo en y mediante su vida, Pedro tal vez no quería enfrentarse de nuevo a la obra del maligno. Sin embargo, no ignoró el asunto. Pedro hizo la pregunta dura, una pregunta altamente personal, y una pregunta que confrontó una cuestión de vida o muerte. Tomar decisiones difíciles quiere decir hacer las preguntas difíciles, que son honestas ante Dios, otros y nosotros mismos.

PRINCIPIO 5
HAY QUE INCLUIR A OTROS EN EL PROCESO DE TOMA DE DECISIONES

El crecimiento de la iglesia inicial trajo consigo muchos problemas. Con estos problemas vino la necesidad de tomar decisiones estratégicas de liderazgo. El Espíritu Santo morando en ellos era con toda certeza la dirección divina que vemos en las actividades de los apóstoles. Por consiguiente, la sabiduría de Dios se puede discernir mediante su conducta. Hechos 6 introduce el problema de discriminación racial. (No hemos avanzado gran cosa en veinte siglos, ¿verdad?). La respuesta de los apóstoles a este reto nos instruye cómo tomar decisiones rápidas y difíciles.

Primero, no negaron que hubiera un problema. Segundo, escucharon bien. Tomaron tiempo para oír la queja. No dieron excusas. Es más, respondieron con un plan positivo. Ellos, como Moisés en la antigüedad, delegaron la responsabilidad a personas competentes. «Hermanos, escojan de entre ustedes a siete hombres» (Hechos 6:3). Creían en la obra de Dios en otros y por medio de otros. Los apóstoles comprendieron su papel de liderazgo como oración y ministerio de la Palabra. Evitaron distracciones de su trabajo y una distorsión de su poder. Multiplicaron la fuerza laboral al delegar el problema a personas competentes. En poco tiempo el problema se atendió y resolvió. Además, la obra del Señor continuó sin detenerse, y sin distracciones ni distorsiones.

La toma de decisiones difíciles incluye fortalecer a otros para que sean parte de la respuesta. Cuando pensamos demasiado alto de nosotros mismos, distorsionamos el uso del poder. Los líderes a menudo cometen el error de asumir demasiada responsabilidad. Dios piensa en términos de equipo. Los apóstoles atendieron esta cuestión altamente emocional con la dirección del Espíritu Santo. Permitieron que los que tenían el problema sean parte de la solución, y en el proceso fortalecieron a líderes competentes para servir a la iglesia.

Necesitamos tomar decisiones difíciles a la luz de quién puede ser parte de la solución, no el problema. Cuando el liderazgo liberta poder gracias a la identificación apropiada y afirmación de otros, las decisiones difíciles llegan a ser oportunidades para el crecimiento y desarrollo del cuerpo de Cristo. Es importante no sólo cómo resolvemos los problemas, sino también por medio de quienes resolvemos los problemas.

PRINCIPIO 6
DELEGACIÓN: UNA SENDA AL FORTALECIMIENTO

La delegación puede ir en dos sentidos: hacia arriba o hacia abajo de la «jerarquía». En Hechos 8 el evangelista Felipe había experimentado una respuesta fenomenal de parte de la gente de Samaria. Su predicación y los milagros que Dios realizó dieron gran gozo a la ciudad (Hechos 8:8). Sin embargo, las personas no habían recibido el Espíritu Santo. Así que Pedro y Juan vinieron y les impusieron las manos a los creyentes para que ellos también recibieran el don del Espíritu Santo como lo prometió Jesús. Este método de trabajo en equipo a la experiencia de la salvación no hizo que Felipe se ponga envidioso de Pedro y Juan; se dio cuenta de que eran un equipo. Felipe delegó a los que estaban por encima de él, los apóstoles, para autenticar y completar la obra de ver que la iglesia nacía en Samaria.

Simón, el ex hechicero, quería el poder de los apóstoles para gloria propia. Simón quiso comprar esa capacidad. Pedro le reprendió directamente: «—¡Que tu dinero perezca contigo —le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero!» (Hechos 8:20). Felipe entendió, y Simón no, que Dios había dado a ciertas personas dones y papeles que otros no tenían. El llamado y dones de Dios en la vida de cada persona necesitan informar nuestras decisiones difíciles. Uno no puede comprar lo que sólo Dios puede dar.

En Hechos 6 los apóstoles delegan una tarea específica a los siete diáconos. También delegan a la iglesia la responsabilidad y criterios para escoger a los siete hombres que tratarían el problema específico de la distribución de recursos. Así que la delegación puede incluir la consideración de criterios específicos para la selección de personal, la tarea específica, y el número de personas para realizar la tarea. La delegación, entonces, sea hacia arriba o hacia abajo, debe informar el proceso de toma de decisiones.

PRINCIPIO 7
LOS ABSOLUTOS ABSOLUTOS

Hechos 15 presenta cómo la iglesia lidió con asuntos difíciles de doctrina. Aquí la iglesia confronta no sólo a una persona, como en Hechos 8, sino a un grupo de individuos con una profunda consagración a un valor que consideraban muy alto. La cuestión de la salvación por la sola fe en Cristo estaba en juego en este debate y decisión crucial. El contexto indica que la etnicidad también jugó un papel en el desacuerdo. ¿Qué iban a decir los apóstoles? ¿Cómo iban a atender este asunto?

Había una cantidad de testigos de la verdad de la salvación por sólo la fe en Cristo. Pedro habló de la conversión de los gentiles y que ellos habían recibido el Espíritu Santo. Recalcó que «Más bien, como ellos, creemos que somos salvos por la gracia de nuestro Señor Jesús». Pablo y Bernabé describieron cómo Dios había visitado a los gentiles con señales milagrosas y prodigios. Luego Jacobo concluyó citando al profeta Amós: «todas las naciones que llevan mi nombre» (Hechos 15:6-17).

Las decisiones difíciles, informadas por la palabra de Dios y múltiples testigos, dan claridad y unidad a la iglesia. Todos los apóstoles decían lo mismo. Una voz unida hablaba por la iglesia: la Palabra de Dios, la experiencia de ver a Dios trayendo a los gentiles a la salvación como lo había hecho con los judíos, y la evidencia de señales y prodigios. Cuando hay consenso en el liderazgo de la iglesia en concierto con la Palabra de Dios, se pueden tomar con confianza decisiones difíciles.

PRINCIPIO 8
LAS EMOCIONES Y LA TOMA DE DECISIONES

A veces es emocionalmente difícil tomar decisiones difíciles. Pablo y Bernabé tuvieron un conflicto en cuanto al valor de Juan Marcos como colaborador. Pablo veía a Juan Marcos como uno que se rajaba. Bernabé había percibido algún crecimiento y desarrollo en Juan Marcos. Así que esta disputa sobre una cuestión de personal llevó a Pablo y a Bernabé a marchar en direcciones diferentes (Hechos 15:39). Las decisiones difíciles tal vez no se sientan bien, pero pueden ser buenas. Hallar objetividad en asuntos cargados emocionalmente requiere que sometamos nuestros sentimientos a nuestro pensamiento. Hay razón para que las negociaciones laborales tengan períodos de «enfriamiento». De la misma manera, los líderes de la iglesia necesitan tomar el tiempo y espacio necesarios para captar una noción saludable de los asuntos.

A menudo me pregunto por qué tantas juntas de iglesia, comités, fuerza de trabajo, etc., se reúnen por la noche, incluso a horas avanzadas, cuando la gente está cansada y sus niveles de energía son bajos. Me parece que estamos buscando problemas. La Biblia en efecto dice: «El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil» (Mateo 26:41). La sabiduría, entonces, nos llama a planear y programar reuniones para el ministerio cuando el cuerpo y el espíritu pueden estar en su mejor forma.

Dios también les da a los miembros de su cuerpo diferentes perspectivas. Aunque Pablo y Bernabé tuvieron un «agudo desacuerdo», el ministerio siguió. El Señor siguió usando a Bernabé y a Pablo. La expansión de las buenas noticias a Europa fue un resultado. Juan Marcos maduró bajo la mentoría de Bernabé, y años más tarde Pablo pidió su ministerio en un momento muy crucial (2 Timoteo 4:11).

Necesitamos tener presente que las emociones pueden distorsionar y dominar las decisiones de manera insalubre. Por consiguiente, asegúrese de prepararse bien. Las malas decisiones son más destructivas que la falta de decisión. Trabajar en las decisiones difíciles de la manera apropiada no necesariamente hace que se sienta bien. Pero las malas decisiones tienen resultados complejos. Por consiguiente, permita que el Espíritu controle y llene toda decisión con su Palabra y su presencia.

SUMARIO Y APLICACIÓN

La tomar de decisiones bíblicamente sanas, llenas del Espíritu, sabias y a tiempo es en lo que consiste el liderazgo en su mayor parte. Podemos influir en nuestras iglesias para el bien cuando aplicamos estos ocho principios para la toma de decisiones difíciles. La saturación en la Palabra de Dios y la oración intencional elevan nuestra capacidad para conectarnos con Dios. Esta interacción dinámica con el Espíritu Santo llena nuestras mentes y pasiones con sus deseos. En cooperación con otros creyentes esto forma una comunidad vibrante. Las comunidades de los fieles sueñan en seguir a Dios cueste lo que cueste. Cuando llega la prueba que la alejaría de este encuentro santo, la iglesia tendrá el valor para decir, como Pedro: «Debemos obedecer a Dios, y no a los hombres».

Las iglesias con esta naturaleza vibrante comprenden que hay un costo para ser un verdadero seguidor de Jesucristo. Las decisiones que exigen el sacrificio les da una causa por la cual vivir y morir. Los que tienen pasiones inferiores hallan sólo una experiencia tibia con el Cristo viviente. Qué triste oír que algunos que se llaman por el nombre de nuestro Salvador tienen intenciones de codicia. Algunos que se reúnen en la iglesia no son otra cosa que espías y sabandijas, haciendo rapiña del amor y buena naturaleza de los creyentes altamente consagrados. Jesús dijo que el reino de Dios es como un campo en donde la semilla buena y mala echan raíz y crecen juntas. Sin embargo, al fin de siglo, cuando llegue la cosecha, habrá separación. Los seguidores de Jesús no deben dejarse distraer por los que siguen el camino ancho.

Cuando escogemos incluir a otros en el proceso de toma de decisiones, nuestra confianza inspira excelencia. La confianza genera energía para el servicio y el sacrificio. Por consiguiente, recibimos con brazos abiertos la oportunidad de ver a otros participando en la toma de decisiones, y no meramente como criados que obedecen nuestras órdenes. Hay ocasiones cuando debemos trazar la línea la arena. «Nada de acomodos aquí» debe salir en nuestros labios cuando las mentes débiles o motivos corruptos ponen en tela de duda las cuestiones de ortodoxia. Pensamos bien y nos levantamos muy alto por las cosas que jamás deben cambiar.

Las emociones convierten en colores vivos las fotografías en blanco y negro. Sin emociones, la vida no necesita canto. Sin embargo nuestras emociones a veces pueden inundar el barco y hundirnos. La Biblia dice que debemos llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia que se halla en Cristo (2 Corintios 10:5). Pablo nos exhorta: «Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo» (Efesios 5:21). Así que nuestras emociones y pensamientos deben hallar el equilibrio al someter todo sentimiento y pensamiento a Cristo y su iglesia.

Las decisiones difíciles a menudo requieren tiempo y reflexión. Sin embargo, el proceso rinde sabiduría sólida y fruto para la iglesia en el cumplimiento de su misión para Cristo.

ALGUNOS SE QUEDARÁN, ALGUNOS SEGUIRÁN

Yo (Tim) tengo dos amigos especiales de los días del seminario, Bob y Roger. Ya hemos recorrido veintinueve años desde el día de graduación. Hemos servido en numerosas congregaciones en cinco estados. Hemos conversado, meditado y orado sobre muchos asuntos de relaciones personales. En varias ocasiones hemos luchado para saber cómo responder a individuos que discrepan fuertemente con nosotros. Desde ataques personales contra nuestro carácter, llamamiento y talento relativo a varias opciones de métodos de ministerios y programas, hemos debatido y dialogado sobre lo que deberíamos hacer.

Una conversación común pasa por mi mente vez tras vez. Pienso en los resultados: «Algunos se quedarán, otros se irán». ¿Debemos quedarnos? ¿Debemos irnos? Nos estremece el pensamiento de que nuestras decisiones, o la decisión de la junta o la congregación influirá en algunos miembros para que se vayan y busquen otra iglesia. O en una organización paraeclesiástica, una decisión de adoptar un nuevo estilo de ministerio hará que algunos donantes dejen de ofrendar, que miembros leales del personal se vayan, o a miembros de la junta que renuncien. Tomar decisiones difíciles quiere decir que «algunos se quedarán, y algunos se irán». Debemos vivir por fe, incluso en las decisiones difíciles.


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